¿Que pasa si las ideas no se ejecutan?

Hace algún tiempo leí el libro “EXECUTION The Discipline of Getting Things Done” de Larry Bossidy and Ram Charan, y ahora con el paso del tiempo me doy cuenta que necesito refrescarlo. Se habla mucho de visión estratégica, pero con demasiada frecuencia no sabemos lo que estamos diciendo. La clave está en asegurarse de que toda la plantilla conoce bien las prioridades de la organización

A modo de resumen y en formato “flash” te detallo algunas de las enseñanzas de este estupendo libro.

Si las ideas no se ejecutan…

No tienen sentido. Por muy buena estrategia que tengas, la clave es !practica, practica, practica!

Debes tener principios, pero deben ser simples. Si no simplificas, no comunicas; si no comunicas, no alinearás a la gente; y si no alineas, no tendrás una buena ejecución.

No te puedes centrar en todo

No puedes tener 100 prioridades, sino una o dos.

Y la razón es evidente: ¡Foco!

Solo debes centrarte en las cosas más importantes.

Y a esas prioridades debes dedicarle todos tus recursos.

Todos los componentes de una compañía pueden establecer esa diferencia.

Incluso si no tienes la última  palabra en la toma de decisiones, el concepto de ejecución tiene el mismo mérito para ti que para un presidente.

Hablamos de hacer las cosas. ¿Y eso no es acaso importante?

Ideas, ejecución, plan de acción, estrategia, planificación

¿Y se puede traducir una cultura basada en la ejecución en algo reconocible por el mercado?

El 80% de la energía de los líderes depende de la ejecución.

Si la ejecución es buena, los resultados son buenos, y el mercado los reconocerá.

Es posible crear una “Cultura de la Ejecución”. Su capacidad para crear nuevos productos es asombrosa.

♦ Directivo Ejecutor

El individuo de alto rendimiento hace las cosas por sí mismo y para sí mismo.

El líder de alto rendimiento consigue que se hagan las cosas.

Necesitas conocer a la perfección para qué lo vas a hacer. Debes conocer bien el negocio.

Además, lo tienes que hacer a través de otros, por lo que tienes que conocer a la gente. Si no, nunca serás efectivo.

Sin realismo nunca serás capaz de ver hacia dónde va el negocio.

Muchos directivos dicen que tienen una gran compañía cuando, en realidad, sólo tienen buena tecnología. ¡Eso no es realismo!

Mantener el realismo es complicado

Hay un sello distintivo en la alta dirección por el cual siempre pasan más tiempo con los clientes y menos con los jefes de línea, que son los que, por su trabajo, tienen hilo directo con los clientes.

El líder puede tener realismo, pero debe de conocer la opinión de los de abajo.

 Realismo = Autoconocimiento

Está claro: ningún ser humano es perfecto.

La clave es conocerte y conocer perfectamente lo que haces bien.

Cuando eras  más joven, eras sincero pero brutal.

Puedes ser sincero sin ser destructivo.

Matrimonio feliz, felicidad en el trabajo

En la mayoría de los procesos de coaching en los que he tenido la enorme suerte de participar, pude observar y constatar que “idealmente” la familia es lo que más valoran los profesionales con los que he trabajado. Pero fíjate que digo “idealmente”, porque en la realidad no es así. El día a día se encarga de demostrar que, lamentablemente, son otras las prioridades. El trabajo, el gimnasio, la cerveza… ¿Cuánto niños, al llegar a casa, se encuentran en la más absoluta soledad? ¿Cuantas parejas “incomunicadas” por el cansancio de tantas y tantas horas fuera de casa?

Mi buen amigo Rubén García Codosero (@RCodosero) comentaba en un post recientemente publicado en su Blog que…”La vida por suerte tiene altibajos. Sin estos altibajos pasaríamos por la vida sobre la alfombra roja sin haber comprendido la enorme suerte de caminar acompañados. En los malos momentos todo el mundo desaparece, excepto la familia. En los buenos momentos todos tienen buenos oídos para oír el descorche de una botella de champán, no importa que no tengamos copas para todos, ellos se apañan o traen las suyas. En los malos momentos, la familia es la que te ayuda a recoger la botella vacía, a llenarla de agua, a ponerla flores, a mejorar lo que tenemos, a llenar con amor allí donde nos falte”. Esta es la grandeza de la familia, que siempre la tienes a tu lado. Mi experiencia personal no me deja lugar a ninguna duda.

La familia sigue siendo la institución mejor valorada por los españoles y también por la mayoría de los ciudadanos del mundo. El barómetro del CIS la sitúa siempre por encima del 9 en una escala de 0 a 10. Además, para el 83,3% de los encuestados en este indicador, el entorno familiar es el aspecto más importante de sus vidas junto a los amigos.

Pero ¿Por qué a pesar de estar tan bien valorada la familia le dedicamos tan poco tiempo? Sencillamente porque hemos puesto nuestra mirada en otras cosas, especialmente en el trabajo. ¿Pero está mal que nos guste el trabajo? ¿No es bueno trabajar con empeño? Por supuesto que el trabajo es una maravilla, pero no debemos olvidar que trabajamos para vivir y no al revés.

No somos conscientes del gran perjuicio que está ocasionando el trabajo mal planteado, mal organizado y mal entendido en las familias. Según un estudio elaborado por Regus, el trabajo interfiere cada vez más en la vida familiar, siendo más frecuente tener que atender asuntos laborales cuando se está fuera de la oficina. Éste es el caso del 74% de los encuestados, de los cuales un 52% señala cómo sus empresas utilizan sistemas de chat para estar siempre conectados.

Las nuevas tecnologías son fantásticas, pero mal utilizadas pueden ser la destrucción de la persona. No somos conscientes del daño que hacemos a los que nos rodean, ya que nuestra obsesión por estar conectados nos hace estar “ausentes” en nuestra casa. Pensemos que una casa se construye con ladrillos, pero un hogar se construye con valores.

Sin duda la familia empieza por el matrimonio, por la pareja, por él y ella… y a veces, más de lo que sería deseable, nos abandonamos. Pensamos que las cosas van a ser como el primer año de matrimonio y no es así. Por eso es tan importante fortalecer la relación de la pareja. Y esto depende de uno mismo, de los dos… Pero también las empresas podían hacer algo para que las parejas puedan disponer del tiempo necesario que les permita mantener una buena relación. Está archicomprobado que un cónyuge feliz es un buen negocio para las empresas. El refrán dice que matrimonio feliz, vida feliz. Pero, ¿incluso en la oficina? Todd Pedersen, presidente ejecutivo de la empresa de domótica Vivint, asegura que existe un vínculo entre el estado de las relaciones de pareja de sus empleados y sus niveles de productividad. “Cuando mi esposa está triste, no vengo a la oficina saltando de alegría”, asegura el directivo.

Un análisis publicado en la edición de octubre de la revista Journal of Marriage and Family encontró que los hombres están más felices con su vida cuando sus esposas están satisfechas con su matrimonio, independientemente de la opinión de ellos sobre la relación. Además, otro estudio más reciente en la revista Psychological Science mostró que la personalidad de un cónyuge puede influir en el desempeño de su pareja en el trabajo.

Todo esto nos demuestra que cuando la relación matrimonial es “sana”, las cosas son más fáciles. Los hijos se educan en ambientes de  colaboración, respeto, alegría… Pero como todo tipo de convivencia, las relaciones de la pareja pueden sufrir altibajos, que si no son debidamente controlados pueden ocasionar daños irreversibles. En un reciente seminario que impartí en una gran compañía, toqué este tema y tuvo tal aceptación que tuve que repetir. Si la buena relación de pareja tiene un impacto en el trabajo ¿Por qué no hablamos y tratamos más el tema? ¿Has pensado, por ejemplo, lo interesante que puede ser un DAFO de pareja? ¿Te atreves a hacerlo con tu esposa/o?

Recientemente Eva Levy en una de sus tribunas, afirmaba que de las familias depende el aprendizaje en los afectos, en los valores fundamentales y en las pautas más básicas de la vida. Pero parecemos dar por hecho que esas familias se las arreglarán, de manera mágica, para sortear todos los obstáculos y cumplir con su rol, no importa lo desorientadas o vulnerables que se sientan.

Recuerdo que hace unos cuantos años invité a Emilio Duró a dar una sesión de trabajo a un grupo de vendedores para la empresa en la que yo trabajaba. La experiencia fue tan espectacular, que aparte de impartírsela a todos los empleados de la compañía, se la ofrecimos también a todas sus parejas. El resultado no te lo puedo explicar en cuatro palabras. Para mucha gente fue un antes y un después. La empresa entendió que no se puede separar el trabajo de la familia.

Para tener una familia sana se requiere un matrimonio sano. Ya hay instituciones universitarias preocupadas por el tema. Este es el caso de la Universidad Internacional de Cataluña, en su Instituto Superior de Estudios de la Familia, que acaba de impartir una conferencia cuyo título era enormemente atractivo “El matrimonio no es misión imposible”.

Si hacemos cursos para mejorar nuestro estilo de liderazgo ¿Por qué no hacemos cursos para mejorar nuestra relación matrimonial? Piénsalo bien, cuando el matrimonio es feliz, la felicidad llega también al trabajo…

Siete claves para gestionar a tu Jefe

Cuando doy un seminario y hablo con la gente, oigo con demasiada frecuencia la frase: “Mi jefe no me entiende”, y algunos incluso van más lejos al afirmar “A este curso tenía que haber venido me Jefe”. El “imperfecto” siempre es el Jefe, el subordinado nunca. Decía Swami Parthasarathy que una sociedad como la occidental, basada en la continua reclamación de derechos, los condena a la queja. Y los culpables siempre son los demás: el Estado, el empresario, tu familia, los políticos, el municipio… Pero lo peor es que, de ese modo, dejas la responsabilidad de tu vida a alguien que no eres tú. Tú deberías ser, en cambio, quien decidiera sobre tu propia satisfacción.

¿Has abandonado toda la responsabilidad de entendimiento con tu Jefe solo en sus manos? ¿Estás seguro de que eso es lo correcto? ¿Te has planteado que tú puedes tomar la iniciativa? Peter Drucker, afirmaba en uno de sus libros que los jefes no son simplemente cargos o funciones en el organigrama de la organización. Son personas individuales, y tienen derecho a hacer su trabajo como mejor sepan hacerlo. Les corresponde a las personas que los rodean observarlos para averiguar cómo trabajan, y adaptarse a aquello que haga que su jefe sea más eficaz. Este es, de hecho, el secreto de “gestionar” al jefe.

¿De verdad has observado a tu Jefe con espíritu constructivo? ¿No lo has hecho todavía? Te invito a que lo hagas. Seguro que tu calidad de vida va a mejorar y te vas a sentir mucho mejor en el trabajo. Permíteme que comparta contigo algunas de las cosas que yo hice en alguna ocasión y que me dieron resultado…

Foto 1. Manolo Royo, Leticia Sabater y Jaime Pereira. Fiesta Empresa Navidad

♦ Observación. Durante un periodo de tiempo, no inferior a treinta días, fíjate de una manera especial en los puntos fuertes de tu Jefe. Como se comporta en las reuniones, en las charlas informales, cuando se dirige a ti, en la relación con sus colegas, en la comunicación, la empatía, en la gestión de conflictos, en como saluda por las mañanas, a qué hora se va todos los días a casa, cómo reacciona ante los errores…

♦ Respeto. Después de unos cuantos días de observación, con ojos constructivos, intenta descubrir aquellas áreas en las que necesita mejorar. Mira a ver si tú puedes hacer algo por él, y sin que lo perciba échale una mano. Cada uno de nosotros somos muy diferentes en carácter, forma de ver las cosas, maneras de relacionarnos… Mantén siempre un profundo respeto por su forma de hacer las cosas, que no tiene que ser como tú las haces. Intenta comprender que su responsabilidad es muy diferente de la tuya. Que su Jefe también le condiciona a él, y sus colegas, también, juegan un papel relevante…

Discreción. No hagas de “cotorra” (él o ella). No vayas pregonando a los cuatro vientos lo malo que es tu jefe. Las paredes oyen y cuando alguien habla mal de otra persona, en su ausencia, acaba enterándose. Radio macuto, nunca fue una herramienta eficaz, al contrario. Como decía Dale Carnegie en su libro “Cómo ganar amigos…”, No critiques, no condenes ni te quejes… No hay nada más hermoso que dar feedback sincero, honesto y con afán de mejorar a la otra persona. ¿Te gustaría que tu Jefe fuera criticándote por la espalda? Pues aplícate el cuento…

Prospección. Intenta conocer algo de su vida privada, sin curiosidad malsana. Esto te vendrá muy bien para poner en contexto la situación. ¿Dónde trabajó anteriormente? ¿Cuáles fueron sus éxitos y sus fracasos? Sera muy útil saber sus hobbies, sus gustos, su familia, sus estudios… Entra en las redes sociales para ver lo que puedes encontrar sobre él/ella. Analiza sus últimos correos para ver que te quería decir en ellos, pero no te líes la cabeza. Es todo mucho más sencillo de lo que parece.

Foto 2. Compañeros de trabajo en el Raider´s Trophy de Empresa

♦ Comprensión. Has de tener en cuenta que en más de una ocasión tu Jefe estará sometido a las presiones de un Comité de Dirección y esto puede ocasionarle tensiones, dificultades problemas que tú no eres capaz de percibir ni de entender. Ponerte en su lugar no es fácil, pero si recomendable. La presión del día a día, de los resultados, del corto plazo… son circunstancias que sin duda debes tener en cuenta.

 ♦ Confianza. Gánate su amistad, esto te dará muy buenos resultados. Te recomiendo que en un momento de inspiración le pidas que te dedique 20 minutos. ¿Para qué? Para reunirte con él/ella y hacerle estas tres preguntas: ¿Qué esperas de mí? ¿Con que recursos voy a contar? ¿Cómo lo estoy haciendo? Si encuentras respuestas a estas preguntas, empezaras a tener referencias para mejorar tu relación con él/ella. De paso, puedes aprovechar para decirle lo que tú esperas de él/ella, seguro que te lo agradecerá. Ten en cuenta que, cuando se da bien un feedback, estás haciendo un regalo a la otra persona.

♦ Diversión. En el día a día se nos presentan multitud de oportunidades de divertirnos, de pasarlo bien, de dejar el formalismo, de romper estereotipos… Cumpleaños, bodas, convenciones, cursos de formación, celebraciones puntuales, aniversarios… Esos momentos son los ideales para mostrarnos con otro talante y dar una imagen distinta, tal vez la real. Recuerdo, como si fuera hoy, como les rompí los esquemas a muchas personas cuando aparecí en la Fiesta de Navidad de Johnson Wax, cantando una canción con Manolito Royo y Leticia Sabater. ¿Este es Jaime? Se preguntaban muchos (Foto 1). O en la participación en el Raider´s Trophy de las Empresas, ocasión magnifica para convivir, conocer y darse a conocer (Foto 2).

Me gustaría que estas siete sugerencias te pudieran ayudar a crear las tuyas propias y te sirvieran para intentar “Gestionar mejor a tu Jefe/a”. Inténtalo, vale la pena.

 

¿Cuantas horas tiene tu día?

Hay muchas personas que todavía no han caído en la cuenta de que todos somos iguales ante el reloj, que todos tenemos días de veinticuatro horas. Aún no son conscientes de que las veinticuatro horas son un elemento diferencial de primer orden. El tiempo bien utilizado es un factor competitivo que permite encontrar el equilibrio personal.

Con demasiada frecuencia oímos decir “No tengo tiempo…”. Falso, rotundamente falso. Sí tienen tiempo, lo que no tienen son las ideas claras, no se han fijado objetivos y por eso andan a la deriva, como navegantes sin rumbo que aunque remen mucho nunca llegan al puerto. Los pilotos aéreos de esto saben bastante: Tienen una visión clara del destino, se fijan un plan de vuelo, y por si acaso disponen de una brújula.

Decía José Luis Sampedroque el tiempo no es oro, el oro no vale nada. El tiempo es VIDA…”. Efectivamente, un buen uso de esas horas, de las que disponemos diariamente, nos dan energía, vitalidad, optimismo, fuerza… No hay nada más gratificante que hacer lo que uno debe, en el momento oportuno y con la ilusión a tope. Cuando alcanzamos a comprender que no podemos dejar pasar el tiempo sin darle un contenido adecuado, en ese instante el tiempo deja de ser oro para convertirse en vida.

Lamentablemente vivimos una época en la que las prisas, la velocidad, la inmediatez… hace que cada vez sea más difícil dominar nuestros 86.400 segundos diarios. Nos hemos llenado de personas y organizaciones que trabajan sólo sobre lo urgente pero no sobre lo importante. Ésta es la razón por la que la gente anda un poco tocada.

Explicaba el Doctor Valentín Fuster que: “La falta de dominio sobre la situación y sobre uno mismo es lo que conduce a las situaciones de estrés, a lo que de modo muy superficial alguien podría definir como neurosis de identidad”. Las organizaciones, más de las que nos podemos imaginar, que están improvisando continuamente, provocan en sus empleados una sensación de inestabilidad que repercute en el clima laboral y por ende en la productividad. Las empresas en las que todo es urgente y todo importante, lo que reina es el caos.

Peter Drucker, afirmaba en uno de sus libros que: “El tiempo es el recurso más escaso que existe, y si no se gestiona bien nada estará bien gestionado”. ¡Qué gran verdad! Este es el motivo por el que hay tanta falta de liderazgo, profesionales que son incapaces de utilizar eficazmente su reloj. Por eso se les escapa de la mano su equipo, su familia, sus amigos… No pueden parar el cronómetro… Y lo peor, no son capaces de respetar el tiempo de los demás. Interrumpen, llaman, escriben… No se percatan de que hay gente que sí sabe controlar sus veinticuatro horas diarias.

En las empresas japonesas, nadie interrumpe a una persona que está sentada en silencio. Se da por hecho que esta persona está pensando. Sin embargo, cuando la persona está en pie y en movimiento, los colegas, colaboradores, jefe se sienten en libertad de interrumpir.

Vuelvo al principio: “No tengo tiempo…”. Es que acaso Jeff Bezos,  Mark Zuckerberg, el Papa Francisco, Angela Merkel o el pequeño Nicolás… ¿tienen más tiempo que tú? ¿Sus horas son de 90 minutos? No, sus horas son también de 60 minutos. Entonces ¿dónde está la diferencia? Pues, entre otras cosas, en que han entendido que el trabajo no se traduce sólo en llenar las horas, sino en realizarlo con competencia técnica y profesional.

Un reciente estudio llevado acabo por WorkMeter, revela que los trabajadores españoles pierden un 30% de su tiempo de trabajo cada día. Una de sus conclusiones, deja claro que pasan una media de 9 horas y 19 minutos en su puesto de trabajo, pero su productividad es solo de 6 horas y 34 minutos. Tal vez, de tanto hacer cosas, acaba uno por no hacer nada. Lo que cuenta no son las horas que pones en tu trabajo; es el trabajo que pones en tus horas.

Urgente, importanteLos “incompetentes del tiempo”, incluso ni descansan. No encuentra tiempo para “afilar la sierra”, como decía Stephen Covey. No son conscientes, de que cuanto más tiempo pasan los padres con sus hijos, más felices son en el trabajo. A mayor felicidad, mejor rendimiento… y a la postre un buen rendimiento trae grandes beneficios. El descanso es parte de nuestro día, hay que buscar el hueco. El ideal es trabajar para vivir, y no vivir para trabajar. Una persona equilibrada rinde el doble, es más productiva y se siente mucho más feliz.

El problema de mucha gente es que no sabe decir que NO. Alguna vez tiene que ser la primera, por eso te animo a que te propongas decir NO varias veces al día. Una virtud, para que se convierta en hábito, tiene que repetirse muchas, muchas veces. ¡Atrévete a decirle a tu jefe: NO! La primera vez, a lo peor, puede tener alguna consecuencia. Seguro que la tercera se verá como normal e incluso se interpretará como algo positivo.

No quieras ser Superman o Superwoman. Evita incluir en tu agenda más cosas de las que caben en veinticuatro horas. Una botella de agua de un litro no se puede vaciar en un vaso pequeño porque rebosará y se desparramará. Igual pasa con nuestra agenda, no se pueden meter más cosas de las que caben, porque entonces se desbordará el estrés, el genio, el mal humor, la agresividad… y lo pagará nuestra familia y/o nuestros compañeros.

Las decisiones más difíciles y más importantes no son qué hacer, sino qué abandonar por no merecer ya la pena. Decidir es poner prioridades al tiempo. Siempre lo primero, lo primero. Lo que más te cueste, al principio. Una persona eficaz no comienza planificando, sino averiguando a qué dedica el tiempo. Piensa que no hay nada tan inútil como hacer brillantemente algo que no sirve para nada.

Si el trabajo cambia la vida… ¿Por qué la vida no puede cambiar el trabajo? Vuelve a preguntarte ¿Mi día cuantas horas tiene?

La ética empresarial y los “mileuristas”

Que la Reforma Laboral ha sido un revulsivo para la reactivación económica en España, solo lo ponen en duda los sindicatos y los partidos políticos populistas. Las cifras son irrefutables, no dejan lugar a dudas.

La bajada de desempleados durante 2014 ha sido de 253.627 personas. Es el segundo descenso anual de manera consecutiva, y el mayor desde 1998. En cuanto a los afiliados, la Seguridad Social registra en diciembre 79.463 cotizantes más (+2,5%), y cierra el año con un aumento medio de 417.574 afiliados, lo que supone una subida del 2,5%. ¿Son discutibles estas cifras?

Ahora bien, lo cortés no quita lo valiente… En mi opinión ha habido empresas y empresarios que se han aprovechado de la crisis para reducir costes, cosa razonable, pero no a costa de “precarizar” las condiciones de trabajo de sus empleados. Estoy cansado de escuchar a jóvenes, y no tan jóvenes, como se les han mermado sus condiciones laborales. Salarios mileuristas, jornadas alargadas, horas extras sin abonar, trabajos en festivos, escasos planes de desarrollo profesional, temporalidad laboral…

Déjame que te ponga unos ejemplos ilustrativos, de dos mujeres con las que tuve la oportunidad de hablar el otro día al finalizar una conferencia…

La primera, en la treintena, después de más de 10 años en su empresa en la que hacia un trabajo excepcional, afirmación certificada por sus evaluaciones de desempeño, sufre un ERE que la pone fulminantemente en la calle. Madre de familia, con necesidad de sus ingresos, decide mientras cobra el subsidio mejorar su formación, al tiempo que dedicar unas horas al día a la búsqueda de un nuevo empleo. Dado que su CV es brillante, no tarda en encontrar un nuevo trabajo, pero… ¿Pero qué? Pues muy sencillo, dado que está en el desempleo, y la consideran una persona desesperada, la ofrecen un trabajo de un nivel alto con una retribución “low salary”. ¡Qué le vamos a hacer! Será mejor que estar sin nada. Lo acepta y además comienza a trabajar con ilusión, cosa nada fácil en esas circunstancias.

Al año de ingresar en la compañía, solicita una reducción de jornada por cuidado de niños menores. La dirección accede y le concede un horario reducido, al tiempo que se le aminora el salario en la parte proporcional. A los pocos meses se la realiza una “evaluación del desempeño” en el que se la reconoce su alta profesionalidad y gran calidad de su trabajo y se le hace un incremento de salario superior a la media, pero sin duda insuficiente para la responsabilidad que conlleva su posición, entre otras cosas porque arranca de un salario “tercermundista”. Además, y para mayor inri, comenta en la entrevista de evaluación, que al reducir su jornada, también se hizo lo propio con su salario, lo que no parece lógico ya que ella hace exactamente el mismo trabajo con resultados excelente, habiendo sido una ”ganga” para la empresa ya que hace lo mismo, o más, con menos coste. La respuesta fue que antes estaba sobrepagada… Sin palabras…

La segunda, en edad de la veintena avanzada, después de múltiples experiencias laborales y estancias en varios países extranjeros, encuentra un trabajo “mileurista” al que no le queda más remedio que decir: SI. ¿Qué le voy a hacer? Se preguntó… Vivo independientemente y tengo que comer, no hay otra alternativa. Se incorpora a la organización con una ilusión renovada y además con el convencimiento de que va a trabajar con la máxima profesionalidad. Después de unos años en el trabajo, sin incremento salarial, y trabajando jornadas exhaustivas, incluidos muchos sábado y domingos, se pregunta ¿hasta cuándo? Pero no encuentra la respuesta. Se acaba de casar con un chico también “mileurista” y, aunque entre los dos son “bi-mileuristas”, han de pagar un alquiler, la comida, la ropa, la letra del coche (indispensable para ir al trabajo), la luz, el gas… Pero lo peor es que en su actual trabajo, aunque lo hagas muy bien no hay ninguna posibilidad desarrollo personal y profesional, lo que no motiva nada. ¿Es posible crear una familia en estas condiciones? ¿Es posible estar comprometido con tu empresa? ¿Es posible encontrar la felicidad en el trabajo?

Como te puedes imaginar, casos como estos podrás encontrarlos a miles, y seguro que más de un lector se sentirá identificado. No es de recibo ver como grandes compañías que presumen de llevar buenas políticas de “Responsabilidad Social Corporativa”, empiecen por fallar con los que tienen más cerca: sus empleados.

El Instituto Nacional de Estadística,  confirma que los asalariados en España realizan cada semana un total de 2.967.100 horas extraordinarias que no son remuneradas por sus empresas. Esta cifra supone que los empresarios se están ahorrando el pago de casi 75.000 empleos a tiempo completo (40 horas semanales) que cubren con estas horas a coste cero

Según el último Barómetro Global del CFO y Líderes Financieros elaborado por Michael Page, la prioridad número uno será la optimización de costes, lo que permitirá crear liquidez mediante el ahorro, pudiendo las empresas obtener mayor rentabilidad y mayor crecimiento a largo plazo. ¿Y los costes laborales? ¿Seguiremos sin valorar a nuestros mejores recursos: las PERSONAS? Es cuestión de ética empresarial…que a veces se convierte en corrupción.