Colaboraciones

LEJOS DE LAS CARRETAS HUECAS

Hace muy poco me preguntaba un recién estrenado directivo qué entendía yo por dirigir. Le respondí que dirigir  era  generar valor – no dar órdenes ni jerarquía- y un medio para comunicar la misión, objetivos y retroalimentación en un mundo donde la contribución esencial del trabajador es  el “saber” y su principal responsabilidad, “ el  saber hacer comprometido”.

Para mi una empresa es inviable sin la cohesión en el sentir, pensar y actuar de quienes tienen que trabajar  en equipo para cumplir una  misión o lograr una meta. Por eso el  modelo de contrarios capital- trabajo ya no funciona en las relaciones industriales  y ha sido substituido  por el  de relación proveedor-cliente  como se ve en tantos  trabajadores que intercambian  continuamente sus papeles  entre aprender, aplicar, enseñar, vender, desarrollar y realizar  acuerdos continuos sobre proyectos.

No creo que entiendan lo mismo nuestros sindicatos, replegados avaramente sobre sí mismos, despreocupados de los 5.300.000 desempleados y dirigidos desde tiempo inmemorial por la misma “vieja guardia”. Su fuerza  procede artificialmente de las competencias representativas y  subvenciones concedidas por el BOE y no de los trabajadores, pero cuentan  con una infantería de más de 300.000 liberados a cargo  del contribuyente para hacer mucho ruido.

Tampoco deben tener esa idea de empresa los dirigentes de bancos y grandes corporaciones, tan pobres que lo único que tienen es dinero y una  enfermiza obsesión “por sacarle chispas al capital” en palabras de Emilio Botín.  La mayoría de ellos, solo llenos de sí mismos, siguen sin reconocer su desastrosa gestión financiera y cargando la culpa de nuestros problemas actuales únicamente sobre los políticos a quienes con indecente oportunismo colmaron en su día  de elogios por su gestión.

Con ellos no va la fiesta. Mientras el bolsillo del contribuyente se vacía pagando el saneamiento de sus instituciones, ellos continúan disfrutando de escalofriantes retribuciones – varias veces millonarias en euros y hasta hay uno con un  plan de pensiones a punto de llegar a las 3 cifras en millones de euros

Tampoco deben tener esa idea de empresa toda esa gente  que, tan desnuda como el rey del cuento del Conde Lucanor, se presenta  para engañar en el mercado de personalidades –no como realmente son ( personas cuyo interés está en vivir a costa de los demás)  sino-  como a los ciudadanos y  trabajadores les gustaría que fueran

Muchas veces me acuerdo de aquel padre que caminaba por el campo con su hijo. ”¿Oyes algo, hijo, además del trino de los pájaros?”Sí, el ruido de una carreta” “Si, es el ruido de una carreta vacía”, asintió el padre “¿Cómo sabes que va vacía?”, replicó el hijo.”Porque cuanto más vacía, mayor es el ruido que hace”.

Hasta hace muy poco se nos podía aplicar en España aquello que decía Séneca: “Ningún viento es favorable para el que no sabe a dónde va”. Sobre todo si el medio de transporte era una carreta hueca, vacía.  Menos mal que en la nueva situación de España y Portugal podíamos penzar más con Goethe:” Si estás verdaderamente comprometido con una meta, el universo entera conspira a tu favor para que aparezcan personas e instrumentos que te empujen a lograrla “

Siempre que no te ocurra lo del niño que sacó a otro de un lago helado. Cuando el bombero le decía al niño rescatador que era imposible que él solo hubiera logrado sacar a su compañero de las grietas de aquel  lago  tan congelado, pasaba por allí  Einstein quien le replicó:” Yo sé cómo lo hizo. No había nadie cerca que le dijera que no era capaz de hacerlo”

Podemos y no hay que tener miedo a los que hacen  mucho ruido o  se desplazan en carretas huecas.  El miedo nos priva del orgullo y de la oportunidad de contribuir, abrirnos, ofrecernos, entreverarnos y tener sinergias con los demás. Impide que afinemos nuestra sensibilidad hacia los grandes valores, carezcamos de incentivos y nos impide el encuentro con los demás para ir juntos en una misma buena dirección

Es el momento de  superar esa creciente descomposición de nuestro país producida  en lo político por la inexistencia del trabajo en equipo entre las instituciones , la falta de valores compartidos, un irrefrenable enfrentamiento por posiciones entre los más importantes líderes y una elevada dosis de difamación entre ellos.

Manuel González Oubel  gonzalezoubel@yahoo.es

El fútbol según Benedicto XVI

SI se hojean los periódicos y se escuchan los programas de radio, se comprobará rápidamente que hay un tema dominante el fútbol y el campeonato de fútbol. Este deporte se ha convertido en un acontecimiento universal que une a los hombres de todo el orbe, por encima de fronteras nacionales, en un mismo estado de ánimo, en idénticas speranzas, miedos, pasiones y alegrías. Todo ello pone de manifiesto que se debe estar tocando algo originariamente humano. De ahí que surja naturalmente la pregunta acerca de dónde reside el poder de este juego. El pesimista dirá que es la misma situación de la antigua Roma: panem et circenses (pan y circo). Ahora bien, incluso si se acepta esta interpretación, debería hacerse una nueva pregunta: ¿a qué se debe la fascinación de este juego, que se pone, con idéntica importancia, al lado del pan? Con la mirada puesta nuevamente en la antigua Roma, se podría responder a ese interrogante diciendo que el grito reclamando pan y juego fue propiamente la expresión del anhelo de la vida paradisíaca. En este sentido, el juego sería, pues, una especie de vuelta al hogar en el paraíso: huir del rigor esclavizador de lo cotidiano. Ahora bien, el juego tiene, sobre todo en los niños, un carácter distinto: es ejercicio para la vida. A mi juicio, la fascinación del fútbol consiste esencialmente en unir de modo convincente los dos aspectos referidos. El fútbol obliga al hombre ante todo a disciplinarse a sí mismo. También le enseña a colaborar con los demás y, por último, a enfrentarse con ellos limpiamente. Al contemplarlo, los hombres se identifican con el juego, participando de ese modo en la colaboración y la pugna referidas. La seriedad sombría del dinero y del espíritu mercantil  puede, naturalmente, echarlo todo a perder. Al pensar detenidamente en estas cosas, tal vez sea posible aprender nuevamente a vivir a partir del juego: la libertad del hombre se nutre de reglas y de disciplina. El fenómeno de un mundo que vibra con el juego podría darnos más que entretenimiento. Si fuéramos al fondo, el juego podría proporcionarnos una forma de vida.

La muerte ilumina la vida

Tenemos una inmensidad de regalos que la vida nos da en cada momento que la mayoría no reconoce, no valora, ni agradece, sino que los vive en transparencia, sin consciencia.  Y lamentablemente muchos aprendemos de manera arrolladora lo importante de estas cosas cuando la vida nos pone en situaciones donde perdemos algunas de ellas, incluso las simples, pequeñas. Aprendemos a valorar el vivir sin dolor de muelas, cuando nos duele una muela, aprendemos a apreciar lo importante que es abrir el grifo y tener agua, cuando no tenemos agua, aprendemos a agradecer lo que significa para nosotros tener una cama cómoda para dormir, cuando dormimos sobre el suelo…

En síntesis: aprendemos sobre la preciosidad de la vida cuando nos percatamos de la impermanencia de la vida, aprendemos a vivir cuando aprendemos a morir.

Para invitarlos a reflexionar sobre esta idea, les dejo el video TED con la historia de Ric Elias, “quien tenía un asiento en primera fila del vuelo 1549 del avión que tuvo que aterrizar de manera forzosa sobre el río Hudson en Nueva York en enero de 2009. ¿Qué pasó por su corazón mientras el avión caía?”

Un pensamiento en “Colaboraciones

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