El valor de la experiencia

El triunfo final de Chris Horner en la Vuelta a España me ha dado pie a reflexionar sobre la grandeza de la experiencia. Chris es un ciclista nacido en 1971, es decir que tiene 42 años, lo que hace que su gesta deportiva haya tenido más relieve y difusión periodística. Se le ha llamado el “abuelo” de la Vuelta 2013. Sin duda, para un deporte tan duro, es un abuelo.

La edad no debería importar, pero muchas empresas están mandado a casa a personas con 48/55 años, cuando se encuentran en lo mejor de la vida, tanto a nivel personal como profesional. Su experiencia y cocimiento no se deberían perder por una política empresarial de corto plazo. Intentar resolver los problemas de una organización solo con despidos y reducción del gasto, es una forma muy poco creativa de ver el futuro. Es la solución fácil, la que no requiere esfuerzo imaginativo. Las “jubilaciones anticipadas”, no hacen más competitivas a las empresas.

El otro día Rafael Frühbeck de Burgos, cumplía 80 años y en una entrevista concedida al diario ABC , afirmaba: «Creo que nunca he dirigido tan bien como ahora y espero mejorar. En esta profesión se mejora o se muere».

La Fundación MasHumano, organizó el pasado mes de junio su XII Congreso, bajo el titulo ‘El Valor de la Experiencia: Talento Senior’. En el  abordó la necesidad de aportar propuestas y soluciones para poner en valor lo que el talento senior aporta en la empresa, en la familia y en la sociedad en general. Sin duda quedó muy claro la importancia de la experiencia de los “senior”, palabra más bonita que la de jubilado, viejo o anciano.

Hay organizaciones que,  sin animo de lucro, saben aprovechar los conocimientos de los “senior”, para ofrecer servicios profesionales a empresas con pocos recursos. Ejemplos:

SECOT. Voluntariado Senior de Asesoramiento Empresarial compuesto por profesionales cualificados jubilados, prejubilados o en activo que, con espíritu altruista, desean ofrecer su experiencia y conocimientos en gestión empresarial a quienes lo necesitan.

BANCO DE ALIMENTOS. es una organización benéfica cuyo fin es la consecución gratuita de alimentos de todas clases. En él trabajan de forma habitual voluntarios, la mayoría profesionales jubilados, que prestan sus conocimientos de gestión, capacidades técnicas y manuales, de forma altruista.

Una buena muestra de que la edad no debe ser un obstáculo lo estamos viendo en el mundo de los deportes. Jeannie Longo ganó hace dos años el Campeonato Nacional contrarreloj. Tenía 52 años. Este año volvió a participar, con 54, y fue novena. Hace 17 que ganó el oro en los Juegos de Atlanta y ya era una veterana (37 años).

Merlene Ottey, medalla de bronce en Moscú-80, en los 200 metros lisos. La velocista, triple campeona del mundo durante los noventa, estuvo a punto de participar en los Juegos Olímpicos de Londres. Jamaicana de nacimiento, lo habría hecho con 52 años y nacionalizada eslovena.

El fútbol británico también ofrece dos ejemplos de longevidad. El del mítico portero Peter Shilton es el más extremo: 125 veces internacional con Inglaterra, 30 años de carrera, más de 1.000 partidos oficiales. Se retiró a los 48, un camino al que parece aspirar Ryan Giggs, la leyenda andante del Manchester United, que cumplirá 40 años en la que es su 24ª temporada en el club.

Carlos Soria partió hace unos días hacia el Himalaya para su décimo ochomil con más de 60 años. Su DNI marca 74. Las hojas del calendario se caen al mismo ritmo para todos, pero algunos privilegiados hacen equilibrio entre ellas.

La norteamericana Libby James, con mucha calma y entereza, batió el récord del mundo de medio maratón a los 76 años, en el Maratón de Walt Disney. Con un tiempo final de 1:45:56, redujo el anterior en casi diez minutos (1:55:19), vigente desde 2009.

La estadounidense Diana Nyad, de 64 años de edad, ha logrado cruzar a nado el estrecho de Florida, que separa Cuba de Estados Unidos, y convertirse en la primera persona en atravesar los 166 kilómetros sin una jaula de protección contra los tiburones.

Los grandes retos nunca han entendido de edades, ni de huesos calcificados. Solo hace falta voluntad, ilusión, sacrificio y muchas ganas de vivir. Hoy me he referido solo a deportistas, pero la lista de autoridades, directivos, escritores, científicos, investigadores, profesionales de todo tipo podría ser interminable. No se es joven o viejo por la edad, sino por la mentalidad.

El Papa Francisco, de 77 años de edad, ha acuñado la frase “Cultura del rescate”, al afirmar que  “Los niños y los mayores construyen el futuro de los pueblos. Los niños porque llevarán adelante la historia, los mayores porque transmiten la experiencia y la sabiduría de su vida“.

Whitney Houston

Se nos ha ido, y sin permisoWhitney Houston. Lo ha hecho en silencio como tantas otras estrellas del mundo del cine. Si hacemos un repaso a la historia de los grandes mitos del séptimo arte, encontraremos a personajes como Freddy Mercury, Natalie Wood, Marilyn Monroe, Michael Jackson, Elvis Presley, Amy Winehouse, Bridgette Andersen, Elizabeth Short, Sharon Tate, François Dorleac y muchos más que también nos dejaron en extrañas circunstancias. ¿Qué ocurre en este mundo del espectáculo? Es una gran incógnita, pero seguramente habrá algunas coincidencias entre todos ellos en los que se juntan varios factores, como: mala gestión del éxito, falta de objetivos vitales, fama arrolladora, infancias difíciles, matrimonios caóticos, victimas de una sociedad sin sentido, ambientes vacíos, familias desestructuradas, riquezas desmesuradas, búsqueda de nuevas sensaciones, en fin la lista  podría ser interminable. Hay muertes que podríamos llamar “emblemáticas”, muertes que nos sobrecogen por su absurdo más imprevisto, más impensable y menos de recibo. No es el caso de un accidente o una enfermedad, sino el haberse dejado morir cuando parecía que todo conspiraba para poder seguir viviendo.

Hoy me gustaría rendir un pequeño homenaje  a “la voz”, a Whitney Houston: Esa mujer que fue capaz de conseguir cifras que marean. Ha sido la artista más galardonada de todos los tiempos, con dos premios Emmy, seis Grammy, treinta  Billboard Music Awards y veintidós American Music Awards, para un total de 415 premios en su carrera. También es una de las artistas musicales que ha vendido un mayor número de discos en el mundo: más de 170 millones de álbumes, sencillos y vídeos.  La belleza de su voz tan llena de fuerza y de talento, mezclada con su hermosura encantadora, hubiera asegurado una vida no sólo premiada, sino serena y gozosa, con todo cuanto se podría en principio tener para vivir dichosamente la existencia. Pero…no fue así. “I Will Always Love You” fue su canción estrella. Siempre quiso dar amor… “But maybe she was never loved”. Marilyn Monroe comentaba en una ocasión que no quería ser rica, solo quería que la amasen. Eso pudo haber sido lo que arrastro a “la voz” a llevar una vida agitada. Su matrimonio con Bobby Brown fue el inicio de una carrera contrarreloj que finalmente no pudo superar.

Su vida esta coronada por el éxito profesional que, al parecer, no le dio la felicidad personal. Decía el otro día Gemma Mengual, nuestra mítica nadadora que “la felicidad no son las medallas, sino el camino para conseguirlas”. Como Whitney, hay muchas y muchas personas que son aparentemente triunfadoras pero en el fondo subyace un gran fracaso personal. El fracaso de la vida incompleta, de una vida sin brújula que avanza como un “zombi” sin saber cual es su meta. Decía Charles Handy que la búsqueda de la definición personal del  éxito… es en verdad la búsqueda de si mismo. Tal vez Whitney nunca encontró lo que buscaba….

¿Merece la pena pagar un precio tan alto por alcanzar el éxito? No, no lo merece. El éxito siempre se acaba y esa es la razón por la que hay que administrar los triunfos. La vida está repleta de retos pero el más importante del ser humano es la lucha por conseguir moralidad en nuestras acciones. Nuestro equilibrio interno e incluso nuestra propia existencia depende de ello. Solo la moralidad en nuestras acciones es capaz de dar belleza y dignidad a la vida (Albert Einstein).

Seguro que  Whitney nunca quiso este final pero se dejo llevar por un entorno muy turbulento del que seguramente quería salir pero no lo consiguió. El recuerdo que  deja a todos sus seguidores es que su linda voz nos alegró y dio fuerzas en esos momentos en los que nosotros también estuvimos tambaleantes, porque para muchos  el éxito también ha sido una trampa. W. Somerset Maugham decía que lo curioso del juego de la vida es que si le pides lo mejor, la vida te lo da…

El éxito, la fama. ¿Son suficientes para alcanzar la plenitud personal? Cuantas personas he encontrado a lo largo de mi vida que alcanzaron el triunfo “profesional” pero que jamás fueron capaces de alcanzar el triunfo “personal” ¿De que les valió? No merece la pena…

La última canción que interpretó Whitney en público antes de morir fue precisamente un góspel: Sí, Jesús me ama. Fue dos días antes, en un concierto de Kelly Price & Friends previo a la entrega de los Grammy. Se subió al estrado espontáneamente y entonó la canción a capela, en una última demostración de quién era y cuál era su música. Posiblemente el amor que buscaba estaba en esa canción. Descanse en paz.