LA CONTRAREFORMA

Hay mucha gente, más de la que pensamos, que se pregunta ¿Qué hicieron los Sindicatos en los últimos ocho años para ayudar a resolver el problema del paro? La contestación es: nada de nada. Y ahora que un Gobierno, con el respaldo mayoritario otorgado por mucho millones de españoles, quiere afrontar el problema con nuevas iniciativas se echan encima. ¿Por qué? Porque la política y la ideología  se antepone a los intereses de más de cinco millones de personas que buscan de forma desesperada un puesto de trabajo. ¿Qué es mejor un despido de 20 días o que no tengas ninguna opción al despido porque sigues en las listas del Inem? Es muy fácil dar una rueda de prensa delante de cientos de medios utilizando la demagogia y sin aportar ni una sola idea que ayude a resolver de verdad el problema Estos sindicalistas tendría que mentalizarse de que el problema no está en los ocupados sino en los desocupados.

Cuando se observa las reacciones de algunos partidos, llamados de izquierdas, uno se pregunta ¿Qué concepto tienen de la democracia? ¿Es que el actual Gobierno no ha sido elegido por una mayoría absoluta de ciudadanos? ¿Es que los que han votado al Partido Popular no sabían que les esperaban medidas muy duras y de gran sacrificio para todos? El otro día Alberto contador, después de conocer su sentencia en contra, decía que ahora toca «Sacrificio y duro entrenamiento, nuestro único secreto». ¿Podría ser este nuestro secreto para ayudar a los que no tienen la suerte de tener una razón para levantarse cada mañana?

El paro no se arregla con huelgas, ni con manifestaciones, ni con palabras huecas que se las lleva el viento. Tampoco se arregla a la griega, que están dando un ejemplo lamentable. Tampoco se soluciona con movimientos urbanos, tipo 15M, que sin representación de nadie su única táctica es la violencia, el caos, el desorden y la anarquía. No, así no  arreglamos nada. Se arregla poniendo cada uno de nosotros nuestro granito de arena para, siendo más constructivos, ser más solidarios y olvidar las ideologías que tanto daño hacen en situaciones como esta en donde la unidad es más necesaria que nunca. Guardemos las ideologías para otras situaciones, seguro que entonces serán muy necesarias.

La reforma es histórica, porque histórica y dramática es la situación. No es posible ignorar de donde venimos, porque entonces no se entenderán las decisiones ni se valorara adecuadamente las responsabilidades del anterior Gobierno. En los últimos ocho años, a parte de negarse la situación, se han tomado decisiones que han fracasado rotundamente. ¿Te acuerdas, entre otros, de los Planes E? Es hora de probar otras soluciones que, el tiempo y solo el tiempo, nos dirán si fueron las correctas. Sino es así los ciudadanos castigaran al Gobierno retirándole la confianza y en consecuencia los votos. Hablar antes de tiempo solo conduce a generar más crispación y  desconfianza. Y esto no es bueno para nadie pero menos para los que necesitan salir de la pobreza.

Esta reforma no es una revolución pero si que es un buen punto de partida para aliviar situaciones indeseables. Permite una mayor flexibilidad a los que crean puestos de trabajo, que no son otros que los emprendedores/empresarios, tan necesaria para perder ese miedo a cargas que no se puedan sobrellevar. Todos tenemos que entender y aceptar que el concepto de trabajo fijo y para toda la vida ha desaparecido para siempre. Sino cambiamos el modo de pensar no viviremos con los pies en la tierra y seguiremos reclamando lo que ya no es posible reclamar. El primer interesado en crear puestos de trabajo es el propio empresario. Eso sería la mejor señal de que su negocio marcha.

La reforma intenta ser equilibrada, repartiendo cargas y beneficios, avances y recortes, pero no hay de duda que tiene sus favoritos: las pequeñas empresas, los jóvenes, los parados de larga duración. Se trata de una revolución silenciosa, que favorece a los emprendedores, castiga a los oportunistas y busca el bien general a través del beneficio de los individuos.

En definitiva, una reforma valiente, incompleta, histórica, polémica, pero sobre todo está pensada para explorar nuevas vías que nos ayuden a resolver el mayor problema que hoy tiene la sociedad española: el desempleo. Deseo con todo mi corazón que en las próximas elecciones vuelva a ser elegido el mismo partido. Sería la mejor señal para dejar claro que  esta reforma era la que necesitábamos. La contrareforma.

Ayer estuve en Puerta del Sol con “DEMOCRACIA REAL YA”

Es la segunda vez que paso por allí para ver, con curiosidad, que pasa en esas asambleas y movimientos de personas concentradas que se dicen estar “indignados”. La verdad es que el ambiente me parece muy normal, con algunas salvedades que diré más adelante.

Es un público mayoritariamente joven, aunque también se ven personas de otras edades. El aspecto físico de la concentración es feo, muy feo y yo diría que hasta sucio rayando con la insalubridad. Todo empapelado, con mensajes varios pero, mayoritariamente con ideas y slogans más de tipo izquierda-radical. Mucho calor, lo que no favorece la higiene y permite hacer unos toldetes de plástico-lona que dan una imagen algo tercermundista. Gente sentada y en corrillos para hacer más llevadera la jornada y mucho mirón, entre los que se encontraban curiosos turistas que no hacían nada más que disparar el “gatillo” de sus máquinas digitales. Todo para el recuerdo.

Los cabecillas, al menos así los vi yo, me parecieron gente comprometida, con ideales, con ganas de hacerse oír. Les gusta haber salido en tantos medios, habiendo conseguido una notoriedad que ni ellos mismos pensaban. Digo…”ellos mismos…”, pero ¿Quiénes son los cabecillas? ¿Quién está detrás de esto liderando? ¿Cómo se coordina un movimiento tan complejo? ¿Es posible, como afirman, que se pueda convivir de forma muy pacifica gente con ideologías opuestas? ¿Hasta dónde se pretende llegar? Bueno, me podría hacer muchas más preguntas, pero lo voy a dejar aquí.

En mi última visita, el pasado día 24 de mayo, descubrí algunas de las “comisiones” que existen. Pude ver en persona y, el lector lo podrá ver en mi VÍDEO, que había, entre otras, comisión de comunicación, legal, inmigración, infantil, espiritualidad, comida y muchas más. Las asambleas, solo vi una, me parecen curiosas. El  “speaker” da su mitin y a continuación se pide a los asistentes, si hay objeciones o posiciones en contra, que den su opinión. Un miembro de la concentración lleva un cartón con el mensaje “opiniones en contra”. Curiosamente en el tiempo que estuve no hubo ninguna  en contra de la posición “oficial”.

Me sorprendió la comisión de “espiritualidad”. Dentro de que puedas estar o no de acuerdo con sus ideas, escuché cosas muy coherentes. Habló un anciano, con pinta de indio, que vino de los Estados Unidos, invocando al más allá y recordando a los asistentes que la revolución mundial había comenzado en Madrid. Luego les invitó a una de las tres meditaciones transcendentales que se iban a celebrar.

Pero yendo al meollo de la cuestión, creo que la mayoría de las reivindicaciones que han proclamado las podemos suscribir un alto porcentaje de los que hemos votado el pasado día 22M. En su manifiesto inicial decían: “Somos personas normales y corrientes. Somos como tú: gente que se levanta por las mañanas para estudiar, para trabajar o para buscar trabajo, gente que tiene familia y amigos. Gente que trabaja duro todos los días para vivir y dar un futuro mejor a los que nos rodean. Unos nos consideramos más progresistas, otros más conservadores. Unos creyentes, otros no. Unos tenemos ideologías bien definidas, otros nos consideramos apolíticos… Pero todos estamos preocupados e indignados por el panorama político, económico y social que vemos a nuestro alrededor. Por la corrupción de los políticos, empresarios, banqueros… Por la indefensión del ciudadano de a pie”. ¿Alguien puede objetar algo a esto? Sinceramente, creo que no.

Y siguen afirmando…”Existen unos derechos básicos que deberían estar cubiertos en estas sociedades: derecho a la vivienda, al trabajo, a la cultura, a la salud, a la educación, a la participación política, al libre desarrollo personal, y derecho al consumo de los bienes necesarios para una vida sana y feliz”. Aquí eché en falta, por ejemplo, el derecho a la vida, que es el principal y fundamental derecho humano.

Como digo, suscribo con ellos, el ochenta por ciento de sus principios porque todos, sin exclusión, aspiramos a una sociedad mejor, más justa, solidaria, comprometida y respetuosa con el ser humano y todo su entorno.

En lo único en lo que disiento de sus planteamientos es en la forma de reivindicarlos. España es un país democrático, con una democracia algo inmadura pero al fin y al cabo democracia. Si no estamos de acuerdo con lo que está ocurriendo, que yo tampoco lo estoy, o formamos un nuevo partido o nos enrolamos en alguno existente, o utilizamos las redes sociales para enviar mensajes a nuestros políticos que les obliguen a reflexionar y cambiar determinadas actitudes. El pasado 22M, el 65% de la población española fue a las urnas para dar su opinión y este es el único camino, no hay otro. La Asamblea callejera no es el mejor procedimiento para consolidar ningún derecho. Creo, que deberían formar una “Comisión Ejecutiva” encargada de transmitir a los políticos  sus quejas y así formalizar y dar transparencia a todo este movimiento.

Esto no, significa que todos, absolutamente TODOS no pongamos lo que está en nuestras manos para acabar con el paro, la miseria, le explotación (tienen razón los indignados, hay empresarios que tiranizan), la corrupción, el derroche, la mala educación, el revanchismo….  Si el 15M, Democracirealya o los Indignados nos han hecho recapacitar, debemos agradecérselo pues efectivamente este puede ser el principio de una revolución, una revolución en la que el ser humano sea el centro. La llamaría la REVOLUCIÓN SOLIDARIA.