La ética empresarial y los “mileuristas”

Que la Reforma Laboral ha sido un revulsivo para la reactivación económica en España, solo lo ponen en duda los sindicatos y los partidos políticos populistas. Las cifras son irrefutables, no dejan lugar a dudas.

La bajada de desempleados durante 2014 ha sido de 253.627 personas. Es el segundo descenso anual de manera consecutiva, y el mayor desde 1998. En cuanto a los afiliados, la Seguridad Social registra en diciembre 79.463 cotizantes más (+2,5%), y cierra el año con un aumento medio de 417.574 afiliados, lo que supone una subida del 2,5%. ¿Son discutibles estas cifras?

Ahora bien, lo cortés no quita lo valiente… En mi opinión ha habido empresas y empresarios que se han aprovechado de la crisis para reducir costes, cosa razonable, pero no a costa de “precarizar” las condiciones de trabajo de sus empleados. Estoy cansado de escuchar a jóvenes, y no tan jóvenes, como se les han mermado sus condiciones laborales. Salarios mileuristas, jornadas alargadas, horas extras sin abonar, trabajos en festivos, escasos planes de desarrollo profesional, temporalidad laboral…

Déjame que te ponga unos ejemplos ilustrativos, de dos mujeres con las que tuve la oportunidad de hablar el otro día al finalizar una conferencia…

La primera, en la treintena, después de más de 10 años en su empresa en la que hacia un trabajo excepcional, afirmación certificada por sus evaluaciones de desempeño, sufre un ERE que la pone fulminantemente en la calle. Madre de familia, con necesidad de sus ingresos, decide mientras cobra el subsidio mejorar su formación, al tiempo que dedicar unas horas al día a la búsqueda de un nuevo empleo. Dado que su CV es brillante, no tarda en encontrar un nuevo trabajo, pero… ¿Pero qué? Pues muy sencillo, dado que está en el desempleo, y la consideran una persona desesperada, la ofrecen un trabajo de un nivel alto con una retribución “low salary”. ¡Qué le vamos a hacer! Será mejor que estar sin nada. Lo acepta y además comienza a trabajar con ilusión, cosa nada fácil en esas circunstancias.

Al año de ingresar en la compañía, solicita una reducción de jornada por cuidado de niños menores. La dirección accede y le concede un horario reducido, al tiempo que se le aminora el salario en la parte proporcional. A los pocos meses se la realiza una “evaluación del desempeño” en el que se la reconoce su alta profesionalidad y gran calidad de su trabajo y se le hace un incremento de salario superior a la media, pero sin duda insuficiente para la responsabilidad que conlleva su posición, entre otras cosas porque arranca de un salario “tercermundista”. Además, y para mayor inri, comenta en la entrevista de evaluación, que al reducir su jornada, también se hizo lo propio con su salario, lo que no parece lógico ya que ella hace exactamente el mismo trabajo con resultados excelente, habiendo sido una ”ganga” para la empresa ya que hace lo mismo, o más, con menos coste. La respuesta fue que antes estaba sobrepagada… Sin palabras…

La segunda, en edad de la veintena avanzada, después de múltiples experiencias laborales y estancias en varios países extranjeros, encuentra un trabajo “mileurista” al que no le queda más remedio que decir: SI. ¿Qué le voy a hacer? Se preguntó… Vivo independientemente y tengo que comer, no hay otra alternativa. Se incorpora a la organización con una ilusión renovada y además con el convencimiento de que va a trabajar con la máxima profesionalidad. Después de unos años en el trabajo, sin incremento salarial, y trabajando jornadas exhaustivas, incluidos muchos sábado y domingos, se pregunta ¿hasta cuándo? Pero no encuentra la respuesta. Se acaba de casar con un chico también “mileurista” y, aunque entre los dos son “bi-mileuristas”, han de pagar un alquiler, la comida, la ropa, la letra del coche (indispensable para ir al trabajo), la luz, el gas… Pero lo peor es que en su actual trabajo, aunque lo hagas muy bien no hay ninguna posibilidad desarrollo personal y profesional, lo que no motiva nada. ¿Es posible crear una familia en estas condiciones? ¿Es posible estar comprometido con tu empresa? ¿Es posible encontrar la felicidad en el trabajo?

Como te puedes imaginar, casos como estos podrás encontrarlos a miles, y seguro que más de un lector se sentirá identificado. No es de recibo ver como grandes compañías que presumen de llevar buenas políticas de “Responsabilidad Social Corporativa”, empiecen por fallar con los que tienen más cerca: sus empleados.

El Instituto Nacional de Estadística,  confirma que los asalariados en España realizan cada semana un total de 2.967.100 horas extraordinarias que no son remuneradas por sus empresas. Esta cifra supone que los empresarios se están ahorrando el pago de casi 75.000 empleos a tiempo completo (40 horas semanales) que cubren con estas horas a coste cero

Según el último Barómetro Global del CFO y Líderes Financieros elaborado por Michael Page, la prioridad número uno será la optimización de costes, lo que permitirá crear liquidez mediante el ahorro, pudiendo las empresas obtener mayor rentabilidad y mayor crecimiento a largo plazo. ¿Y los costes laborales? ¿Seguiremos sin valorar a nuestros mejores recursos: las PERSONAS? Es cuestión de ética empresarial…que a veces se convierte en corrupción.

LA CONTRAREFORMA

Hay mucha gente, más de la que pensamos, que se pregunta ¿Qué hicieron los Sindicatos en los últimos ocho años para ayudar a resolver el problema del paro? La contestación es: nada de nada. Y ahora que un Gobierno, con el respaldo mayoritario otorgado por mucho millones de españoles, quiere afrontar el problema con nuevas iniciativas se echan encima. ¿Por qué? Porque la política y la ideología  se antepone a los intereses de más de cinco millones de personas que buscan de forma desesperada un puesto de trabajo. ¿Qué es mejor un despido de 20 días o que no tengas ninguna opción al despido porque sigues en las listas del Inem? Es muy fácil dar una rueda de prensa delante de cientos de medios utilizando la demagogia y sin aportar ni una sola idea que ayude a resolver de verdad el problema Estos sindicalistas tendría que mentalizarse de que el problema no está en los ocupados sino en los desocupados.

Cuando se observa las reacciones de algunos partidos, llamados de izquierdas, uno se pregunta ¿Qué concepto tienen de la democracia? ¿Es que el actual Gobierno no ha sido elegido por una mayoría absoluta de ciudadanos? ¿Es que los que han votado al Partido Popular no sabían que les esperaban medidas muy duras y de gran sacrificio para todos? El otro día Alberto contador, después de conocer su sentencia en contra, decía que ahora toca «Sacrificio y duro entrenamiento, nuestro único secreto». ¿Podría ser este nuestro secreto para ayudar a los que no tienen la suerte de tener una razón para levantarse cada mañana?

El paro no se arregla con huelgas, ni con manifestaciones, ni con palabras huecas que se las lleva el viento. Tampoco se arregla a la griega, que están dando un ejemplo lamentable. Tampoco se soluciona con movimientos urbanos, tipo 15M, que sin representación de nadie su única táctica es la violencia, el caos, el desorden y la anarquía. No, así no  arreglamos nada. Se arregla poniendo cada uno de nosotros nuestro granito de arena para, siendo más constructivos, ser más solidarios y olvidar las ideologías que tanto daño hacen en situaciones como esta en donde la unidad es más necesaria que nunca. Guardemos las ideologías para otras situaciones, seguro que entonces serán muy necesarias.

La reforma es histórica, porque histórica y dramática es la situación. No es posible ignorar de donde venimos, porque entonces no se entenderán las decisiones ni se valorara adecuadamente las responsabilidades del anterior Gobierno. En los últimos ocho años, a parte de negarse la situación, se han tomado decisiones que han fracasado rotundamente. ¿Te acuerdas, entre otros, de los Planes E? Es hora de probar otras soluciones que, el tiempo y solo el tiempo, nos dirán si fueron las correctas. Sino es así los ciudadanos castigaran al Gobierno retirándole la confianza y en consecuencia los votos. Hablar antes de tiempo solo conduce a generar más crispación y  desconfianza. Y esto no es bueno para nadie pero menos para los que necesitan salir de la pobreza.

Esta reforma no es una revolución pero si que es un buen punto de partida para aliviar situaciones indeseables. Permite una mayor flexibilidad a los que crean puestos de trabajo, que no son otros que los emprendedores/empresarios, tan necesaria para perder ese miedo a cargas que no se puedan sobrellevar. Todos tenemos que entender y aceptar que el concepto de trabajo fijo y para toda la vida ha desaparecido para siempre. Sino cambiamos el modo de pensar no viviremos con los pies en la tierra y seguiremos reclamando lo que ya no es posible reclamar. El primer interesado en crear puestos de trabajo es el propio empresario. Eso sería la mejor señal de que su negocio marcha.

La reforma intenta ser equilibrada, repartiendo cargas y beneficios, avances y recortes, pero no hay de duda que tiene sus favoritos: las pequeñas empresas, los jóvenes, los parados de larga duración. Se trata de una revolución silenciosa, que favorece a los emprendedores, castiga a los oportunistas y busca el bien general a través del beneficio de los individuos.

En definitiva, una reforma valiente, incompleta, histórica, polémica, pero sobre todo está pensada para explorar nuevas vías que nos ayuden a resolver el mayor problema que hoy tiene la sociedad española: el desempleo. Deseo con todo mi corazón que en las próximas elecciones vuelva a ser elegido el mismo partido. Sería la mejor señal para dejar claro que  esta reforma era la que necesitábamos. La contrareforma.