MI AMIGO, HIZO HUELGA

Llegué el 28M a Vigo para dar una conferencia que ha tenido lugar hoy día 30, en la convención de una gran compañía gallega. Bien todo, auditorio, participantes y hasta les gustó lo que les conté y con la resaca de un 29M algo agitadillo. Y ya que estaba en la ciudad olívica me he quedado para pasar la Semana Santa en mi casa de Panxón.

Hoy caminando por el paseo marítimo de Panxón, he tenido la oportunidad de encontrarme con gente conocida, la mayor parte naturales de la villa marinera y en boca de todos había dos temas: las palmeras que el Concello de Nigrán ha colocado en el paseo marítimo, junto al puerto y la huelga general que se acababa de celebrar. Las palmeras son la gran atracción, hay opiniones para todos los gustos. Desde que, esto no es el Caribe; al vaya gasto en época de crisis, hasta el “ha quedado precioso”. Puntos de vista diferentes según lo vea cada uno, pero ya se ve que la sangre no correrá.

Entre todo esa gente que paseaba a primera hora de la tarde (viernes 30, empezaba la Semana Santa) me encontré con un amigo muy entrañable para mi. Era Enrique, y me contó que él había hecho huelga el día 29 pero que se sentía decepcionado y arrepentido de haberlo hecho. Al ir ayer a trabajar se había encontrado la desconcertante sorpresa de que la mayoría de sus compañeros si habían ido al “chollo”. Le contaron muchas cosas. Los “piquetes informativos”, los panfletos, los insultos, la coacción, la mentira, la amenaza… En fin uno ya se puede imaginar la escena. Enrique estaba indignado, porque durante algo más de veinte días le habían estado machacando la cabeza con la Reforma Laboral, de lo malísima que era y la mucha desgracia que iba a traer a los trabajadores de su empresa, pero lo que él había descubierto hoy después de hablar con sus compañeros y recojo textualmente “… esta huelga era una huelga política de acoso y derribo al partido que acababa de ganar el 20N las Elecciones Generales por mayoría absoluta y abrumadora…”. Me confesó, avergonzado, que no había ido al trabajo por miedo. Si por miedo y además con un poco de rabia porque sus compañeros no habían sido sinceros a la hora de hablar en los corrillos, alrededor de la maquina del café, que es donde se cuecen estas cosas. Solo había oído y leído la versión de su Comité de Empresa.

Esto nos dio pie, como suele ocurrir cuando estas en una conversación animada, a hablar un poco más de la situación del país. Enrique, ingeniero de profesión, joven, casado y con hijos me dio una visión de lo que esta sucediendo en nuestra querida España que ya la quisiera para su editorial el periódico de más tirada. Me contaba y contaba, con la rabia de su falta de coherencia y cobardía el día 29M, la crítica situación económica, al borde del rescate. La escalofriante cifra de paro. La insolidaria situación del principal partido de la oposición, verdadero y único responsable de todo lo sucedido el 29M, que ya el día 21N anunció a bombo y platillo que la calle sería su Parlamento.

Mi amigo no paraba de hablar. Yo estaba con los ojos como platos. Me preguntaba para mi interior ¿cómo es posible que Enrique haya hecho huelga? ¿No es una contradicción entre lo que realmente piensa y lo que acaba de hacer? ¿Me está contando lo que de verdad piensa o se está quedando conmigo? Le conozco bien, es un hombre, trabajador, serio, responsable…, por eso me despista tanto su actitud. El miedo le hizo, por unas horas, convertirse en un huelguista de una huelga que él no apoyaba. Es más de una huelga, que hoy con la serenidad y tranquilidad del día después, le repugna. Seguramente la historia de Enrique sea la historia de muchas otras personas que de buena fe se dejaron llevar por ese miedo tan peculiar que genera siempre una huelga

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