El pasado domingo, haciendo mi habitual recorrido deportivo, pasé por el Parque Empresarial de la Finca, en donde trabajan buenos amigos en firmas tan prestigiosas como Microsoft, Orange, Accenture, Fnac, Cigna, Santander… Y por un momento me sentí uno de ellos y como en un sueño empece a ver gente a mi alrededor. Entre tantos identifiqué varios tipos de trabajadores:
♦ El “funcionario”. Es el que todos los días entra a su hora y cinco minutos antes de finalizar la jornada ya ha tirado el bolígrafo y guardado todos los papeles. A menos tres en punto está en el pasillo, y a las empunto ya esta llamando al ascensor. Suele salir corriendo, sin despedirse. En la mayoría de los casos se trata de personas con poca ambición profesional. La nomina al fin de mes les basta, aunque suelen quejarse de ganan poco.
♦ El de “cuerpo presente”. Nunca se marcha de la oficina antes de que lo haga su jefe. Cada ratito sale al servicio para mirar la puerta del despacho del “Boss”. Si ve que este no tiene intención de marcharse, empieza a ponerse nervioso. Llama a casa para avisar que llegara a la hora de siempre, es decir tarde. A partir de un determinado momento “desconecta” y empieza a pensar en las vacaciones, el fin de semana, en el partido de pádel… Llega a casa muy cansado, quejándose de lo mucho que trabaja.
♦ El “adicto al trabajo”. Este tipo de trabajador es aquel que solo ve en su vida trabajo, trabajo y más trabajo. Ciertamente puede ser un enamorado de su profesión, pero también es posible que se den otras causas ocultas. En una entrevista a un directivo, un periodista comentaba: ”Después de pasar unas horas con …., cuesta creer que tenga en la cabeza otra cosa que no sean proyectos, empresas y trabajo. Duerme cuatro horas diarias y el resto del día y de la noche se mantiene en pie con unos veinte cafés y coca-colas …”. La adicción al trabajo es distinta al resto de adicciones porque los primeros que salen perjudicados son sus colaboradores y su familia. Nadie en una empresa te va a decir que trabajes menos.
♦ El “trepa”. Estos son muy peligrosos. Parecen hermanitas de la caridad pero son como lobos, en cuanto pueden te la dan. Solo piensan en ellos y hacen todo cuanto esté en su mano por destacar. Suelen ser muy “pelotas”: En la cara te dicen una cosa pero a la espalda dicen la contraria. Decía Mark Albion, refiriéndose a este tipo de gente, que: “Un día me di cuenta de que el problema de competir en una carrera de ratas es que, aunque la ganes, eres una maldita rata”. Una vez identificados, lo mejor es no hacerles el juego. Abundan con mucha frecuencia. Yo conozco a varios/as.
♦ El “anticonciliador”. Le horroriza llegar a casa porque tiene que bañar a los niños y colaborar en las tareas domésticas. Les encanta ir al despacho de algún compañero a darle la tabarra con tal de hacer tiempo para no salir de la oficina. Si se tercia se van a tomar una copa con otros “anticoncialiadores”. Envían un “WhatsApp” a casa haciéndose los mártires. Cuando llega a su “dulce hogar” ya está todo en paz y podrá leer el periódico cómodamente.
♦ El “pelota”. Si jefe, ha estado usted muy bien…. Esta es la frase con la que disfrutan. Hacen todo lo posible para averiguar a que hora va el jefe a los servicios para encontrase con él en los lavabos. Les encanta coincidir con el “mandamas” en el ascensor. Jamás llevarán la contraria al jefe aunque crean lo contrario. Su objetivo principal es quedar siempre bien con su superior, criticando incluso a sus compañeros si fuera necesario. Tratan de ganar puntos con el jefe sea como sea.
♦ El “solitario”. Viene y se va solo. Nunca le ves en la maquina del café. A la hora de la comida sale corriendo para no ir con sus compañeros al bar. No comparte nada. En la fiesta de navidad de la compañía hacen acto de presencia no más de veinte minutos y sin que nadie lo perciba, sale corriendo. Cuenta muy poco de su vida personal y a penas se relaciona con sus compañeros. Son “bichos raritos”.
♦ El “fetén”. Se relaciona bien, son equilibrados. Comparten el conocimiento y tienen espíritu de servicio. Profesionalmente suelen ser muy buenos. Están continuamente aprendiendo. Les gusta ser puntuales, sobre todo a la salida porque saben que su vida no es solo trabajar. El lema que les caracteriza es: “Trabajar para vivir y no vivir para trabajar“. Son muy responsables y cuando hay que dar el callo no se escaquean y no regatean esfuerzos y entrega. Concilian trabajo, familia, amigos, cultura, salud…
Hay más tipologias: el controlador, el vago, el caótico, el ordenado, el sindicalista, el sabelotodo…. pero por hoy ya está bien. Si se te ocurre alguna más, por favor, házmelo saber. Thanks….


