EL ARTE DE HACER EQUIPO

Hay veces que uno disfruta mucho viendo como un equipo se divierte, trabaja, comparte y alcanza su objetivo. La experiencia me dice que no es tarea fácil. Conseguir que un grupo se convierta en un equipo es un arte y para ser un artista hacen falta horas de  trabajo y aprendizaje.

Liderar un equipo requiere ideas muy claras, saber dirigir, alinear e involucrar. Si empezamos por la dirección, no cabe la menor duda que  alguien tiene que coger el timón y empezar a tirar del carro, señalar objetivos, marcar la pauta, repartir roles, establecer metodología de trabajo, animar, clarificar, unir. La dirección normalmente se otorga y en muchas ocasiones se consigue por méritos propios. Tanto en un caso como en otro es imprescindible ser conscientes de la responsabilidad contraída y poner en marcha todos los recursos necesarios para liderar con acierto.

Una vez que la gente tiene claro hacia donde se va, el siguiente paso es ponerlos a todos en la misma dirección. Esto es, alinearlos. Se trata de aprovechar las sinergias que cada uno pueda aportar. Experiencias, conocimientos, capacidades, relaciones… Todos deben remar en la misma dirección, aunque las tareas sean diferentes. La suma de muchas diferencias hace un conjunto rico y homogéneo. Para ello se requiere humildad, mucha humildad, para compartir, aportar, desprenderse de activos personales, entender, ver con los ojos de los otros y sobre todo estar dispuesto a ceder en beneficio del bien común. Los “trepas” no tiene lugar aquí.

Cuando se ha alcanzado una buena dirección, y estamos alineados, el líder debe conseguir el compromiso de todos los que se han involucrado en el proyecto y cada uno individualmente debe hacer lo mismo. Para alcanzar este ambicioso objetivo es fundamental generar confianza mutua. Confianza basada en el respeto, la sinceridad, la amistad, las ganas de participar. Es necesario tener claro en la cabeza, que es mucho más importante y motivante dar que recibir. Para esto se requiere una  mentalidad abierta, sin recovecos, proporcionando feedback constructivo, y sobre todo madurez personal y profesional.

Si conseguimos las tres cosas: dirección, alineamiento y compromiso estaremos poniendo unas bases muy solidas para que un grupo se convierta en un equipo. Con ello alcanzaremos resultados y satisfacción personal y sobre todo habremos puesto de manifiesto que el  trabajar en equipo es un “arte”.

Esto es exactamente lo que han hecho los componentes de “Investigators Barbershop Quartet”. Un día Ramón Pi, periodista, decidió unirse a unos cuantos apasionados por la música. Se encontró con Javier, ingeniero; Jorge de las Peñas, ingeniero informático, que trabaja en Mutua Madrileña; Nicolás de las Peñas, economista, Director Financiero de una productora de contenidos para Televisión; y Fernando García Buitrago, directivo de un Banco de Inversión. Se alinearon, repartieron funciones, en este caso voces, se comprometieron y así fue como en sus horas libres consiguieron formar un grupo musical que encanta a sus muchos seguidores y fans. Algunas empresas han contado con ellos para sus convenciones y/o actos sociales. Es un gran ejemplo de como cuatro músicos dejan de ser individualidades para convertirse en “Investigators Barbershop Quartet”.