Guardiola, el líder tranquilo

Conocí a Pep Guardiola hace unos años, cuando aún era jugador. Fue de forma inesperada. Los dos estábamos en el mismo hotel. Yo dando un curso, precisamente de liderazgo, a un nutrido grupo de jóvenes directivos y él estaba concentrado con la plantilla del Barça, pues esa tarde jugaban contra el Atlético de Madrid. Nos cruzamos por el pasillo y no pude aguantar la tentación de dirigirme a él. Le dije que yo era un “culé” acérrimo y le expliqué que estaba dando un curso de liderazgo. Se interesó mucho por la materia, hablamos durante un buen rato y ya entonces se podía ver con claridad que Pep tenía madera de líder. Me decía que él era el organizador del juego pero que nunca mandaba, no tenía vocación de “mandón”. “Mi papel –me dijo– es hacer que el balón corra por el campo para que mis compañeros rematen la jugada”

Me insistió varias veces sobre que el futbol es un deporte de equipo y que si éste falla, fallan todos. Pep era un jugador elegante y muy listo. Jugaba con los pies y dominaba con la cabeza. Como a todo deportista, los años no perdonan, le llegó la hora de abandonar lo que más le gustaba. Dejó los pies, pero no la cabeza. El fútbol era y es su vida, su mundo, su trabajo, su pasión. Era un hombre de la casa y el Barça no lo iba a desperdiciar. Le dieron la responsabilidad de entrenar al equipo de tercera, tal vez para que se rodara un poco y pudiera empezar a desplegar algunos conceptos de su particular liderazgo. Su aprendizaje fue perfecto pero desconocido para el gran público. Muchos dudaron cuando fue nombrado responsable de la primera plantilla y además los primeros resultados no acompañaron.

Pero surgió el carácter de un hombre sencillo, con una gran ambición profesional. No es amigo de portadas, ni de entrevistas, ni de protagonismos. Este año en infinidad de ocasiones cuando le preguntaban cual era la clave de tanto éxito siempre decía que eran los maravillosos jugadores que tenía en la plantilla. Siempre los jugadores, nunca él. Su liderazgo está compuesto por unos ingredientes tan buenos como los que pone Ferrán Adrià en sus menús. Trabajo, inteligencia, elegancia, cercanía, alegría, conversación, estrategia, disfrute, entusiasmo, discreción y arte.

Dicen los que le conocen que se pasa horas y horas trabajando, que se ve los videos de los equipo rivales varias veces, los estudia los analiza y visualiza a sus jugadores en ese contexto. Muchos días tiene que ir su mujer al Camp Nou a buscarle porque si no se emborracha de futbol. Toma sus notas, hace resúmenes y, luego, comparte con sus jugadores los aspectos más relevantes. En definitiva, cumple una de las máximas de un buen líder, que es ser un maestro para los suyos. Otros videos son los de su propio equipo para ver qué han hecho bien y qué tienen que mejorar.

Decía Xavi Hernández en una entrevista que “Guardiola es una esponja en todo. Transmite mucho, es un entusiasta. Él cree en blanco, tú en negro; y acabas pensando en blanco. Se trata de un tío muy inteligente y ése es el secreto, cómo convence, cómo te motiva, cómo trata a los cracks del equipo”. Se trata de un “tío” muy inteligente… Esta es otra de las características de un buen líder. Hay que ser un visionario para ver lo que los otros no alcanzan a ver y poderles ayudar.

UN ESTILO PROPIO

Para mí hay una forma de liderar que denomino “Liderazgo Elegante” y ese es el estilo de Pep. Una persona que sólo con sus formas sin tener que decir nada es capaz de movilizar a su equipo. A veces simples gestos le han servido en el campo para dar alguna instrucción cuando las cosas así lo aconsejaban. Ha sabido fomentar el trabajo en equipo pero también ha dado rienda suelta a la creatividad individual. Para motivar a su gente con elegancia ha utilizado frases como: “Fulanito, nos ha ayudado en muchas cosas que no se ven; es de agradecer que un jugador de su prestigio y palmarés tenga la disponibilidad para jugar cómo ha jugado y a ayudarnos tanto en tareas ofensivas como defensivas”; o: “La verdad es que me siento en deuda con los jugadores que no participan mucho. Estoy muy contento de cómo ha jugado… porque para él es mucho más difícil que para los jugadores de casa que debutan en el primer equipo”. Decir las cosas buenas y menos buenas con estilo para que sean entendidas y aceptadas.

Que Pep es cercano no hay nada más que verlo en sus charlas, en cómo se dirige a sus jugadores. Cuando hace algún cambio durante el partido felicita al que sale y reta al que entra pero con una gracia especial. La cercanía le viene porque hasta hace poco el también era jugador y compañero de algunos de los que todavía juegan, pero la cercanía no le resta nada de autoridad, que la tiene y mucha. Desde el principio dejó muy claras las reglas del juego para que no hubiera sorpresas y precisamente por la forma de hacerlo se ha ganado ese respeto.

Cuando aparecen las crisis, Guardiola es amigo de hablar con sus jugadores nada más terminar el encuentro y dentro de las cuatro paredes del vestuario, porque la inmediatez de los hechos hace que los jugadores capten mejor los mensajes. Las arengas públicas en mitad del campo de entrenamiento suele hacerlas también, pero de forma más espaciosa en el tiempo, con el fin de trabajar y pulir los detalles. En los momentos de crisis suele ser habitual que al finalizar el partido y salir los futbolistas de la ducha, Guardiola se dirija a sus pupilos, para decirles en voz alta y de forma muy clara que “no pasa nada”, esto nos sirve como aprendizaje. La filosofía del técnico azulgrana es clara y transparente: “Ni antes lo habíamos ganado todo ni ahora lo hemos perdido”, queriendo decir que cuando las cosas van viento en popa no hay que sacar pecho ni tampoco agachar la cabeza cuando se pierde.

Saltad y disfrutad, este es el grito de guerra y además durante el precalentamiento se pone por megafonía la canción “Viva la Vida”, último gran éxito de la banda liderada por Chris Martin, para “enganchar” más, ya que según Pep la música da energía, fuerza y mentaliza. Quiere por encima de todo que sus jugadores disfruten. Disfrutar trabajando, casi nada… Así podemos oír cosas como las que dice Dani Alves: “En mi vida he podido disfrutar mucho del fútbol, pero ahora lo hago aún más. Soy un apasionado de este deporte, me gusta lo bonito que es, y ahora veo a esta gente, a la que antes seguía y admiraba, y los tengo al lado, son mis compañeros, y verlos jugar de cerca es una maravilla”.

Es un líder discreto, sabe que hasta el final no hay éxito y cuando este llega lo administra con sabia sencillez manifestando que son los jugadores los que meten los goles. Lo que no dice es que el prepara la estrategia, la táctica, la motivación y muchas cosas más, para hacer no solo con los jugadores sino con todo el equipo, utileros, médicos, relaciones publicas… que el futbol deje de ser solo un deporte para convertirse en un arte. El arte del buen futbol.

Este articulo fue publicado en Capital Humano en Julio de 2009