La semana pasada tuve la oportunidad de sentir de cerca la tragedia del “paro”. Pasaba por una oficina del INEM para arreglar los papeles de una empleada de hogar y, me topé con gente desesperada, rota, sin ganas… Personas sin ninguna esperanza y atormentadas por un futuro más que incierto. Mientras guardaba la cola, me sentí muy identificado con ellos y aproveché la situación para charlar con algunos.
Fui despedida, me dijo una chica como de unos treinta y cinco años, con motivo de un ERE en mi empresa. Recibí la indemnización, pero como ya se me ha terminado el subsidio por desempleo he empezado a tirar de ella y estoy agobiada pensando en que pronto me quedaré sin nada. Tengo dos hijos y mi marido trabaja en unas condiciones que solo se aguantan porque estás en crisis y no te queda más remedio que pasar por todo.
Otro me contaba, que después de haber dejado su vida en el trabajo, ahora con cincuenta y dos años se ha convertido en un “viejo” que nadie quiere y menos para trabajar. Se le está creando un problema a nivel familiar porque la ansiedad y el desasosiego le generan mal humor y lo paga con los demás. El hombre encontró en mí, lo que lleva bastante tiempo buscando, que alguien le escuchara. Según me contó, se patea todos los días unas cuantas empresas por diferentes polígonos industriales, pero la frustración es la tónica diaria. Muchas tardes se presenta, al atardecer, en una gran superficie para recibir algún producto caducado o a punto de caducar para llevar a casa. Da lo mismo, lo que sea, lo que sirva para saciar el hambre. A veces, recurre al alcohol para evadirse de un mundo “sordo”.
Otro, también varón, de unos treinta y pocos años, era más optimista ya que el día anterior había encontrado un empleo. Me contó que nunca había perdido la esperanza. Sabía que era una tarea difícil, pero siempre pensó que existían oportunidades por descubrir. Se planteaba su salida de España y, justo en el momento que estaba arreglando la documentación, saltó la sorpresa. ¡ Encontré trabajo! Me voy ganando la mitad de salario y aumentando mi jornada laboral, me explicó, pero no hay otra alternativa. O salario retocado o paro. Su cara, como era obvio, reflejaba serenidad y alegría.
Tres casos de una misma realidad. La tragedia del desempleo. Unos no encuentran trabajo y otros lo encuentran pero con salarios de hace veinticinco años. Y no es un problema solo de las instituciones, es de la sociedad entera. Todos debíamos estar más sensibilizados e intentar ayudar y aportar soluciones. Debemos ponernos en la piel de esa gente desesperada y pensar que haríamos. Los que tenemos trabajo, deberíamos cada día al entrar en la oficina/fabrica/hospital… decir “soy un afortunado” y quejarnos menos.
Relacionado con el mundo de la colocación y la recolocación, he hablado con Raúl Grijalba, Presidente Ejecutivo de Manpower Group. Me aclara en la entrevista, que su empresa fue la primera en España que recibió la licencia para operar como agencia de colocación.
Opina que el número de emprendedores si ha aumentado pero no al ritmo que sería de desear. Ser empresario, no es fácil. Hay muchas trabas administrativas, poca financiación y encima hay poca creatividad para generar negocios nuevos, diferentes y atractivos. Aun con todo, en este momento sería más recomendable buscar trabajo que empleo. Según Raúl, y con los datos que posee hoy, es muy probable que a finales de este año o principios del próximo, podamos ver un repunte y en consecuencia el descenso en esas cifras tan dramáticas de gente que busca de forma desesperada una oportunidad de rehacer su vida..


