La Familia lugar de encuentro

No tengo la menor duda. La familia es el lugar donde puedes encontrar lo que no te dan en el trabajo, en la universidad, en la pandilla, en el barrio… ¿Por qué? Porque es el lugar, aunque te parezca mentira, donde te quieren de verdad. Aunque a veces haya dificultades, la sangre tira mucho. A lo largo de mi vida profesional he preguntado a multitud de gente ¿Qué es para ti lo más importante en la vida? El 85% me han respondido: la familia.

Por desgracia la vida moderna pone muchos obstáculos a las personas para poder apreciar en toda su profundidad lo que su entorno familiar le puede ayudar a encontrar su sentido en la vida y en consecuencia su felicidad. Una casa se construye con ladrillos. Un hogar se construye con valores.

La palabra felicidad está muy desgastada. Todo el mundo la busca, pero pocos la encuentran. Y no la encuentran por falta de valores, de principios, de ideales. Cuando uno tiene claro porqué y para que hace las cosas, se facilita mucho el camino para descubrir ese bienestar interior. Esa paz que da equilibrio, qué te hace ver las cosas con una perspectiva diferente. Hay gente en la más absoluta pobreza que son felices, y gente con grandes fortunas que no lo son.

Hay determinados valores que deberían imperar en cualquier familia como son el respeto, la comprensión, la paciencia, la educación, la generosidad, la lealtad, el espiritu de servicio… y seguramente me dejo en el tintero alguno más. Si tuviera que destacar de entre todos estos, me quedaría con el respeto. Me parece clave. Cuando se pierde, todo va cuesta abajo.

El Papa Francisco destaca tres aspectos esenciales para que una familia funcione, son: permiso, perdón y gracias. Son tres palabras que resumen muy bien lo que debería ser nuestro proyecto familiar. A veces somos como maquinas automáticas que no sabemos reaccionar ante lo que podríamos calificar como “tibieza familiar”. Pedir perdón es de las cosas que generan más sensación de liberación, pero pedir permiso y dar las gracias, demuestran que uno ha entendido de qué va la cosa.

Cuándo eres el protagonista, junto con tu cónyuge, de formar una familia, debes tener muy claro el “para qué”. Si, todos deberíamos preguntarnos ¿para qué formo una familia? Parece una pregunta de perogrullo, pero me he encontrado con mucha gente, más de las que té pudieras imaginar, que no se la han hecho y andan dando bandazos como un barco que ha perdido el rumbo. Si haces la pregunta, como se la he hecho a mucha gente, te darás cuenta del gran despiste que hay en muchas personas de nuestro entorno.

¿Está en crisis la familia? No. Los que estamos en crisis somos las personas que no acabamos de ordenar nuestro puzle mental y andamos como “ovejas sin pastor”, siguiendo las corrientes de moda sin analizar cuáles son las consecuencias. A mi siempre me han gustado los que caminan contracorriente, porque son personas críticas que saben cuestionar determinados postulados que encandilan a las masas.

Con toda seguridad, cuando la familia funciona todo adquiere un matiz más entrañable, creativo y esperanzador. Deberíamos hacer alguna ITV matrimonial cada cierto tiempo para poder poner en orden lo que “chirria”. Sería una gran inversión con un coste muy bajo y un retorno muy rentable.