¿Son necesarias tantas reuniones en mi empresa?

Seguramente a lo largo de tu vida profesional habrás tenido multitud de reuniones, unas muy eficaces y otras absolutamente inútiles. Echa un cálculo y verás… A mí, haciendo un cálculo rápido me salen más de diez mil reuniones… ¿Qué son muchas? Tal vez me quede corto. Las he tenido de todo tipo, con diferentes personas, con objetivos distintos, en diferentes empresas… Creo que tanto tú, ahora que me estás leyendo, como yo podemos «presumir» de experiencia larga y con multitud de aprendizajes. 

Antes de seguir adelante, quisiera hacer un inciso. Como apuntaba Peter Druker, las reuniones o son efectivas o son un perfecto desastre. Reuniones rutinarias, pesadas, conflictivas, creativas, divertidas, aburridas… Creo que uno adquiere la madurez cuando es capaz de decir NO. Hoy NO voy a asistir a la reunión que me han convocado, sencillamente porque creo que es una pérdida de tiempo. El tiempo es oro y no se puede perder en sesiones de autocomplacencia. ¡Ten valor!

Con la experiencia de muchos, muchísimos años de trabajo profesional me atrevo a sugerirte algunas ideas, que seguramente tú también habrás experimentado en propia carne.

En la reunión no hay enemigos, hay personas con diferentes puntos de vista. Respétalos. Es un poco de sentido común, pero a veces en lugar de ver compañeros, vemos peldaños. En determinadas situaciones acudimos a la reunión pensando en cómo voy a contratacar en el caso de que alguien me lleve la contraria y no en como podré llegar a un punto de acuerdo. 

Muestra interés por las propuestas de los demás.​ Los demás también son capaces y tienen ideas buenas de las que, si no voy con prejuicios, puedo aprender mucho. La mayor ventaja de una reunión de trabajo es lo mucho que me puede abrir los ojos para ver nuevas oportunidades, compartir conocimiento, mejorar mi capacidad de relación y sobre todo tener la oportunidad de trabajar la humildad.

Empatiza con tus contertulios. Se amable.​ Un rostro amable, una sonrisa, un elogio ayudan a conectar con los otros. Piensa que tu cara, tus manos, tus ojos dicen mucho de ti y dicen mucho para los demás. Hazte amigo de tus compañeros, tomate un café con ellos. Felicita los cumpleaños. Estate al quite, pero sobre todo conecta con ellos.

Muestra una actitud positiva. No te quejes.​ A las reuniones hay que ir con todas las quejas resueltas. No es oportuno ir solo a plantear problemas. La queja siempre es una evasión de responsabilidades. No seas una barrera a la buena marcha del equipo. Ser positivo es cuestión de mentalidad, convencimiento y practicidad. Intenta por todos los medios no ser una persona tóxica.

Acepta tus errores.​ Pide disculpas.​ Dice el refranero que «equivocarse es de sabios», pero equivocarse tres veces en el mismo asunto es de incompetentes. Cuando se mete la pata lo mejor es pedir disculpas y sacar el aprendizaje oportuno. A las reuniones hay que ir preparado. Una intervención no se improvisa, hay que llevar cifras, datos, tendencias, evidencias y todo lo que sea necesario para defender tu postura.

No siempre se tiene la razón. Disentir es parte del juego. No te creas el más listo de la clase. Admite que los demás también pueden tener razón. Cuando sobre un mismo tema hay diferentes visiones, lo mejor es escuchar, reconocer y aprender. Eso no significa que aparques tu propuesta, sino que esta puede ser complementada por la aportación de los demás. Esa es la grandeza del equipo. 

Muestra tu desacuerdo con elegancia. Cuando de forma objetiva pienses que tu propuesta es la más recomendable, no impongas tu criterio por la fuerza. Razona, explica, concreta… Y si con todo, crees que la propuesta que esta encima de la mesa no es la más acertada, manifiéstalo con buenos modales. La cortesía no está reñida con la firmeza. 

Da credibilidad al experto. No se puede saber de todo. Cuando en la reunión haya un experto en un tema concreto, hay que dejarle que explique y razone sus propuestas. Al rededor de la mesa deben sentarse diferentes personas con diferentes perfiles, experiencias y conocimientos. Cada uno debe aportar su «sabiduría». La suma de «sabidurías» es la que garantiza una reunión eficaz. 

No te minusvalores. Confía en ti. Aumenta tu autoestima. Eres uno más de los asistentes, tu capacidad es como la de los demás. Estás en la mesa por algo. Los otros esperan de ti tanto como tú de ellos. Pensar que tus aportaciones son intranscendentes es cerrarte las puertas a tu implicación en el grupo. La autoestima es lo más importante que debes defender. A veces, sin razones justificadas, no nos gustamos a nosotros mismos y eso es una barrera a la participación. 

No te quedes con dudas.​ Pregunta.​ No te vayas a casa con interrogantes. Clarifica, pregunta… para tener la seguridad de que has comprendido las conclusiones de la reunión y del plan de trabajo que cada uno debe seguir para alcanzar los objetivos propuestos. Tu aportación será clave para la siguiente cita.

Seguramente tu podrás aportar mas sugerencias. Anímate y escríbelas en algún comentario a este post. Los lectores, y yo mismo, te lo agradecerán.

La «Ley Celaá» premia al mal estudiante

Con la aprobación de la ya famosa “Ley Celaá”, que permite a los alumnos seguir pasando de curso con suspensos a cuestas, se escribe un capítulo triste en la educación española. ¿Cuál será el nivel intelectual de nuestros jóvenes en los próximos años? El informe PISA viene año tras año ratificando el muy deficiente estado de la educación, pero no aprendemos. 

Cuando más importante era un pacto nacional que pusiera fin al desaguisado educativo, la señora Celaá, educada ella y sus hijas en colegio privado concertado, se lanza a presentar una ley sin ningún tipo de acuerdo con las partes esenciales del concierto educativo. En los años que llevamos de transición ninguna ley de educación había sido aprobada sin aceptar ninguna de las múltiples enmiendas presentadas.  

Entre las pantallas, las redes sociales, la televisión, la moda y la ley de educación, estamos criando una generación de “insensibles sociales”. No hay nada más que ver a los adolescentes todo el día enganchados al móvil, extasiados, embelesados, atontados. Ver lo que publican en Instagram es suficientemente significativo para ver qué está pasando.

Pero afortunadamente, no todos los chavales son iguales, los hay muy trabajadores, curiosos, creativos, con ganas de aprender y buscar un trabajo digno que les ayude a posicionarse en un difícil mercado laboral. Con esta ley se infravalora el esfuerzo de estos buenos estudiantes, pero ya se sabe que el socialismo como el comunismo siempre han perseguido la igualdad, pero por abajo, nunca por arriba. Vamos a ser cada vez más incultos igualitarios… ¡Una pena!

Estos días ha circulado por WhatsApp un vídeo atribuido a Jesús Quintero, más conocido por “El Loco de la Colina”, cuyo texto reproduzco íntegramente porque me parece que resume muy bien el espíritu de esta triste “Ley Celaá”. Esto dice: 

«Siempre ha habido analfabetos, pero la incultura y la ignorancia siempre se habían vivido como una vergüenza. Nunca como ahora la gente había presumido de no haberse leído un maldito libro en su puñetera vida. De no importarle nada que pueda oler levemente a cultura. O que exija una inteligencia superior a la del primate.  

Los analfabetos de hoy son los peores porque en la mayoría de los casos han tenido acceso a la educación. Saben leer y escribir, pero no ejercen. Cada día son más y cada día el mercado los cuida más y piensa más en ellos.  

La televisión cada vez se hace más a su medida.  Las parrillas de los distintos canales compiten en ofrecer programas pensados para una gente que no lee, que no entiende, que pasa de la cultura, que quiere que la diviertan o que la distraigan, aunque sea con los crímenes más brutales o con los más sucios trapos de portera.  

El mundo entero se está creando a la medida de esta nueva mayoría, amigos. Todo es superficial, frívolo, elemental, primario para que ellos puedan entenderlo y digerirlo. Esos son socialmente la nueva clase dominante, aunque siempre será la clase dominada, precisamente por su analfabetismo y su incultura. La que impone su falta de gusto y sus morbosas reglas. Y así nos va a los que no nos conformamos con tan poco. A los que aspiramos a un poco más de profundidad» 

Esperemos que el futuro sea más esperanzador, pero sin duda hay que trabajar mucho para acabar con la chabacanería, el mal gusto, la incultura. En definitiva se trata de hacer una sociedad culta, con valores, respetuosa con el discrepante, con miras al bien común y pensando más en el bien de las personas y menos en la ideología. Un objetivo retante pero alcanzable…

Un equipo no es un grupo, es mucho más…

Haz que tu equipo vuelva a brillar. Llevamos décadas hablando del trabajo en equipo, unas veces con experiencia positivas y otras con experiencias negativas. Hay organizaciones que han sido capaces de formar y trabajar con auténticos equipos. Los resultados lo avalan. Por el contrario, hay otras que confunden equipo con grupo sin llegar a percibir la diferencia. Los resultados también las retratan. En unas hay buen ambiente de trabajo y en otras el clima es manifiestamente mejorable. En unas se alcanzan los objetivos y en otras no. En unas hay beneficios y en otras no.

Personalmente tengo algo de experiencia en el tema. He trabajado en cinco magníficas empresas (El Corte Inglés, Unilever, Johnson, Sanitas y Manpower) y con la excepción de la primera, que por entonces era yo un “pipiolo”, en las otras cuatro he formado parte del Comité de Dirección, por eso voy a hablar de lo vivido como miembro de esos Comités.

Como la mayor parte de la gente, he disfrutado momentos inolvidables y otros para pasar página. En tres de las cuatro empresas he formado parte de un “equipo”, en otra he sido parte de un “grupo”. Como me gusta ver las cosas por el lado positivo, voy a tratar de explicar que cosas fueron decisivas para mí y que aprendí de los que formaban conmigo parte del “equipo”. Veamos…

1º.- Amistad. Es un valor que cotiza a la baja. Hoy la gente tiene muchos amigos digitales y muy pocos analógicos. La mayor parte de las personas se comunican por vía digital y muy pocos lo hacen de manera directa y personal, es decir cara a cara. ¿A que la mayoría de la gente te felicita en tu cumpleaños por WhatsApp y no por teléfono? Es un síntoma.

La amistad no es fácil, pero sin duda se puede conseguir. A poco que pongamos de nuestra parte el camino se suaviza. Una felicitación por algún logro; un interés por la familia; una llamada cuando estás enfermo; un mirarte a los ojos y preguntarte ¿qué te pasa?; un “afterwork”; una comida amigable… En fin, hay infinitas maneras de “provocar” la amistad y cuando se consigue con tus compañeros de trabajo, las cosas se ven de otra manera. Te sientes entendido, arropado, apoyado y ves al equipo como algo que te ayuda a ser tú mismo.

2º.- Humildad. No podemos ir por la vida pensando que somos los mejores, que soy el que da vida al equipo, que sin mi ¿a dónde van a ir? No soy superior a los demás, soy uno más del equipo y, en consecuencia, debo dejar la arrogancia en el perchero de la oficina. Hay que ver a los que me rodean como personas y no como “peldaños”. El éxito es de todos y, aunque yo haya marcado el gol, alguien me ha tenido que dar la asistencia. Dejar de pensar en uno mismo y centrarse en los demás es una muestra de madurez. No seamos el “sabelotodo”

3º.- Compromiso. Si no hay un firme propósito de aceptar, como si fueran mías, las decisiones que se toman como “equipo” estaríamos faltando a la esencia de lo que es trabajar juntos. Habrá diferentes puntos de vista, lo que sin duda engrandece a todos, pero la visión de conjunto es absolutamente necesaria. Cuando uno sale de una reunión con la sensación de que he perdido o he ganado debe preguntarse ¿Por qué tengo esa sensación? Si es honesto, la respuesta le estará dando señales de que algo está fallando. Objetivo común, esfuerzos en común, resultados en común… El éxito es de todos, el fracaso también…

4º.- Pertenencia. Sentirse parte del equipo es vital. Si estás fuera de juego, malo. A veces la autoestima, el victimismo, la soberbia, la timidez… y otras muchas circunstancias pueden hacerte que te sientas distante. Es difícil trabajar con compañeros cuando no te sientes acogido, por eso es muy saludable que te preocupes de incorporar a los que participan menos. Dar “feedback” es el mayor regalo que le puedes hacer a un amigo. Es fácil ver quien necesita ayuda para que se sienta más confortable y pueda aportar como los demás.

5º.- Participación. La aportación a un Comité de Dirección por parte de sus miembros es espectacular. Fíjate: marketing, ventas, finanzas, recursos humanos, producción, ingeniería, logística…todos y cada uno aportando su conocimiento específico. Es la mejor universidad. Si todos se respetan y escuchan las aportaciones de áreas funcionales diferentes ¿no estás en el mejor lugar para aprender? Eso sí, hay que ser muy colaborativo sin dejarte información en el cajón por si los demás van a saber tanto o más que tu. Deja tu conocimiento encima de la mesa y verás como los demás te lo agradecen. Es la mayor prueba de que confías en tu “equipo”.

6º.- Escucha. No quieras ser siempre el que lleva la voz cantante. Escuchar da muchas más posibilidades de avanzar. Espera a que el otro termine su exposición para intervenir tú. No seas como esos tertulianos de radio o televisión que hablan todos al mismo tiempo sin escucharse. Para comprender el porqué de una propuesta es necesario dejar hablar con tranquilidad. Una vez conocidos todos los pormenores es la ocasión de dar nuestro punto de vista. Este es el momento en que el equipo empieza a aportar valor.

7º.- Respeto. Más arriba he hablado de lo fantástico que es aprender de todos los departamentos, pero ¡ojo! Respeta al experto. Si el Director de Marketing presenta su campaña para la nueva temporada, no empieces a poner objeciones. Por un momento piensa el trabajo que durante muchos meses se ha llevado a cabo con la agencia de publicidad para lanzar los nuevos productos, para que tú en un minuto y sin conocimiento se los tumbes. Ese no es el camino. Dar opinión positiva y constructiva, sí.

8º.- Simplicidad. Hacer lo difícil de manera fácil es un arte. Hay que ir al grano y no perderse en generalidades y vaguedades. El tiempo es más que oro, es vida. Menos “PowerPoint” y más ideas creativas y prácticas. Reducir las reuniones al mínimo indispensable es una forma de ser eficaces. Hacer la vida de trabajo más sencilla es apostar por la productividad y el beneficio. La oficina sin papeles es una buena idea, pero aún mejor es ser claros, concisos y convincentes en nuestras propuestas. Lo sencillo aporta más al negocio que esos largos procesos ancestrales y caducos.

En fin, aquí te dejo estas ocho reflexiones que yo aprendí durante muchos años de vida profesional. Te animo a que hagas todo lo posible para que tu equipo vuelva a brillar. Seguramente podrás aportar algunas ideas más y a ello te invito haciendo un comentario en este post. Todos nos beneficiamos.

Que pesadilla con Illa…

Illa, este hombre tristón, apagado, filósofo del «tres al cuarto», ante la imposibilidad de dar cuentas en el Parlamento de la debacle que ha supuesto su gestión, ha rogado a su jefe que le de otro carguito con el que seguir viviendo a costa del estado, es decir de los ciudadanos españoles. Su jefe accedió a la petición y, después de intentar arruinar a la Comunidad de Madrid, lo envía a su pueblo, es decir a Cataluña. ¡Cataluña, esa hermosa ciudad española! Qué pena como se la están cargando..

El «Salvador» de la Sanidad en España, el filosofillo Illa, tan solo un día antes de que su jefe, el de la tesis falsa, le nombrara candidato a presidir la Comunidad Catalana, volvió a mentir (cosa normal en este Desgobierno), al afirmar con rotundidad en los medios de comunicación que él no iba a ser el candidato del PSC a la Generalitat, que sin duda el nominado era Miguel Iceta. Como de costumbre, la mentira ha sido la línea constante de este pobre ministro, que se lleva en su CV la nada despreciable cifra de 80.000 muertos. Eso sí, se ha valido de todo lo humanamente posible, para que en los medios no apareciera ni un solo ataúd. ¡Que triste!

En su partido no hacen nada más que elogiar su desastrosa gestión. Como si fuera el héroe de salvar, como dijo su jefe, a más de 200.000 personas. Pertenece a un gobierno asentado en la propaganda, la complacencia, la soberbia… y así, día tras día, en la pandemia nos ha hecho unos relatos dignos de novela. Después de un triste encierro de meses en casa con un confinamiento que no olvidaremos, piensa que su trabajo ha sido digno de un reconocimiento nacional. ¡Pobre hombre! 

Sería bueno que recordaremos algunas, tan solo algunas, de las desfachateces que este filosofillo cometió, y que para sus compañeros de Desgobierno han sido «medallas». Veamos:

Negó en marzo la llegada del virus, afirmando con toda rotundidad que estábamos fuera de peligro. Tal vez estaría pensando en el ya triste y amargo ocho de marzo, en el que muchas de sus compañeras se contagiaron y contagiaron, incluida la esposa de su jefe. Eso sí, se dieron un regustazo que no olvidaran. Había que verlas saltar. Pero no te lo pierdas, algunas como Carmen Calvo, llevaban mascarilla. Pero si su compañero, responsable de la sanidad en España, dijo que no existía peligro, ¿Porque se la ponía? Cosas de la Moncloa… 

¿Has olvidado a nuestros sanitarios vestidos con bolsas de basura? Yo no lo olvido, me supuso un impacto muy grande. Ver a los que tenían que cuidar de nuestra salud haciéndose sus propios EPIS, no solo daban pena, daban vergüenza ajena. Y el filosofillo compareciendo con el médico (no doctor), Fernando Simón a diario para contarnos el «relato» del día. ¡Bochornoso!

El ahora candidato al tripartito catalán, dijo solemnemente que las mascarillas no servían para nada. Pero ¡ojo! cuando cambió de opinión encargó al país que había importado el virus unas toneladas de mascarillas, que luego hubo que devolver porque no reunían los requisitos exigidos por las normas internacionales de salud pública. Luego fue incapaz de rebajar el IVA porque decía que la Unión Europea no se lo permitía, argumento que resultó, una vez más, ser falso. 

España, se posicionó en el número uno del ranking de personal sanitario contagiado, a pesar de que decían que es el país con mejor nivel de atención médica. Todas las noches teníamos que homenajear a los que con condiciones inhumanas estaban luchando por minimizar el impacto del virus. Y mientras Illa a lo suyo.

Illa, por mandato de su jefe puso al Jefe del Estado Mayor de la Guardia Civil, el general José Manuel Santiago a vigilar y rastrear a todos aquellos, que haciendo uso de su libertad personal, criticaban la nefasta gestión de un ministro. Parece surrealista, pero esto ocurrió de verdad.

¿Te acuerdas de la historia del «Comité de Expertos»? Pues una vez más nos mintieron. Cada vez que salía el filosofillo a dar su consabido relato nos decía que él se guiaba por los consejos de sus expertos, expertos que nunca existieron. Pero el Consejo de Transparencia y Buen Gobierno (CTBG) les obligó a publicar los nombres y resultó que eran funcionarios muy respetables, pero ciertamente no eminencias como requería la situación.

El postre final ha sido la historia de las vacunas. Según llegan en avión para su reparto se las etiqueta con un cartel muy visible en donde se puede leer «Gobierno de España», cosa que no hizo ningún otro país de la Unión Europea. Se quería apuntar un éxito, pero la gente «inteligente» ya se da cuenta de que va la historia.

Pero mucha gente se hace la siguiente pregunta: Si el ministro ha hecho tan buena gestión ¿Por qué se le quita? Parece una incoherencia. Pero si no lo ha hecho mal ¿Cómo se le manda de candidato a Cataluña, a un puesto de enorme responsabilidad? This is the question…

Me he dejado muchas más «meteduras de pata» del filósofo, pero no me quería extender más. Con estas muestras creo es suficiente. Este filósofo nos deja tan helados como la situación que hoy padecemos en España, especialmente en Madrid, con esta nevada tan absolutamente descomunal…