¡Maldita pandemia…!

La mayoría de los seres humanos que habitamos la tierra estamos viviendo y sufriendo la maldita pandemia. Un bichito que vuela por todas partes nos está cambiando la vida. Invisible, sin piedad, sin compasión… camina letalmente por cualquier rincón. Unas veces mata, otras te dejan KO y la mayoría de las veces te inocula unas terribles secuelas psicológicas.  

El maldito virus nos está dejando unas enseñanzas que tal vez no olvidaremos. Enseñanzas vividas en primera persona, dejándonos una huella imborrable. Nunca olvidaremos el encierro al que estuvimos sometidos con la declaración del Estado de Alarma. Para algunas personas fue una experiencia muy dura. ¿Te imaginas a una familia con cuatro miembros viviendo en 60 metros cuadrados? ¿Y una persona con una enfermedad que necesita atención medica continua? Que te voy a contar… tú lo sabes tan bien como yo.  

Pero lo que la pandemia me enseñó fue: 

1º.- Que el hombre se cree que domina la naturaleza. Nuestra pequeñez ha quedado patente. Avanzamos hacia un mundo global con la convicción de que todo lo podemos, pero la pandemia nos ha dicho que somos una diminuta partícula en medio de un universo desconocido. El transhumanismo nos quiere convencer de que el hombre es todo poderoso, pero la naturaleza nos dice lo contrario. 

2º.- La segunda enseñanza es que estamos dirigidos por unos políticos absolutamente incompetentes. Políticos que solo trabajan la ideología, pero que son incapaces de gestionar la adversidad. En estas circunstancias es donde se demuestra la valía de los que nos gobiernan y en esta ocasión se han sentido completamente desbordados y no han hecho otra cosa que ir dando bandazos. Mascarillas si, mascarillas no… 

3º.- El Estado de Alarma, que nos tuvo confinados en nuestras casas, ciertamente redujo el número de contagios, pero sirvió para que el Gobierno Social/Comunista aprovechara la situación para meternos sin ningún tipo de control parlamentario una serie de “tropelías”, una de ellas fue la inclusión del comunista Pablo Iglesias en el Centro Nacional de Inteligencia. Y unas cuantas más, que tú y yo sabemos. 

4º.- La familia. Este fue el gran descubrimiento. Es triste tener que esperar a una situación así para darnos cuenta de lo que de verdad importa en nuestra vida. La familia es la institución más valiosa, es donde puedes encontrar comprensión, ayuda, cariño. Y eso lo hemos podido comprobar durante el “encierro”. El reparto de tareas en el hogar, el ejercicio físico, la creatividad, las actividades en grupo… Para mí, lo verdaderamente valioso del “secuestro”.  Es cierto que también han surgido conflictos que ha ido que ir resolviendo sobre la marcha, pero ¿existe alguna convivencia humana en donde no haya problemas? Conozco casos , con nombre y apellidos, que han salido fortalecidos de estas dificultades.

5.- Personalmente me di cuenta lo importante que son los amigos, los compañeros, los vecinos. Las relaciones sociales son clave en nuestra vida. El no tener la posibilidad de encuentros, almuerzos, tertulias, paseos… es muy preocupante. Había momentos en que tenía “mono”, entonces me enchufaba a Zoom o Google Meet y hablaba con algún amigo y aunque no estaba con el presencialmente, al menos me servía para charlar.  

6º.- Con gran alegría pude comprobar cómo se disparaban los programas religiosos en la televisión. Para las personas con fe, como es mi caso, me sentía huérfano de lo más importante, mi vida de comunidad cristiana. La imagen del Papa Francisco en la Plaza de San Pedro, vacía, con lluvia, de noche… rezando por toda la humanidad fue inolvidable. Una foto para la historia. 

7º.- En ocasiones como está tenemos la oportunidad de descubrir la grandeza del ser humano. ¡Cuánta solidaridad! A parte de los servicios de primera necesidad (sanidad, distribución, orden público, transportistas…), que fueron decisivos, hubo otros que no salieron en los medios (ayuda a mayores, vecinos, familiares, conocidos…) y que tuvieron un protagonismo anónimo como nunca se había visto. 

8.- Ha sido una ocasión de oro para dejar constancia de que a partir de ahora las cosas ya no serán igual que antes y que tendremos que empezar a gestionar la adversidad y la incertidumbre. Los niños cuando sean mayores recordarán estas fechas y posiblemente dirán que aprendieron a convivir con lo imprevisto, con lo desconocido… 

Sin duda, cada uno podrá contar su propia experiencia y habrá cosas sorprendentes. Por no extenderme más he querido dejar solo las ocho que me han parecido más relevantes. De todas ellas he sacado valiosas sugerencias, algunas de las cuales ya las he puesto en marcha.