Cuando la fuerza de voluntad consigue medallas…

La época de la Universidad es uno de los mejores momentos de la vida. Adquieres conocimiento, haces amigos, descubres un mundo nuevo y te preparas para el futuro incierto. Una etapa inolvidable. Yo pasé por la Universidad Complutense de Madrid en donde me licencié en Derecho. Fueron años muy conflictivos. Mediados de los 60 y principios de los 70. Asambleas, huelgas, correrías delante de la policía… Ya se sabe que los políticos, especialmente socialistas y comunistas, aprovechan la Universidad para perseguir sus objetivos.

Pude comprobar que los compañeros más brillantes eran personas con una gran fuerza de voluntad. Teníamos parciales a cada dos por tres y eso exigía esfuerzo y también privarte de algunas diversiones. Creo que esa fuerza de voluntad es un valor diferencial que te acerca al éxito. Yo la definiría como «hacer lo que tienes que hacer, pero que no te apetece hacer». La palabra «apetecer» deberíamos desecharla de nuestro vocabulario.

Como todo en la vida, la voluntad hay que trabajarla. Algo que nos puede ayudar mucho es crear hábitos. Dice el refrán que el hábito no hace al monje, pero estoy seguro que los monjes que poseen hábitos son buenos monjes.

James Clear explica en su libro «Hábitos Atómicos» cómo pequeños cambios diarios pueden producir resultados extraordinarios a largo plazo. Sostiene que el éxito no depende de grandes transformaciones repentinas, sino de mejorar de forma constante un 1% cada día. También destaca la importancia del entorno sobre la motivación, mostrando que las personas no fallan por falta de disciplina, sino porque sus sistemas están mal diseñados.

Decía más arriba que una de las cosas que te proporciona la etapa de universitario es el descubrimiento de nuevos amigos. Yo tuve la suerte de coincidir en clase con una persona extraordinaria. Voluntad, alegría, disciplina, compañerismo… lo reunía todo. Madrugaba para poder llegar a sus dos grandes objetivos: terminar la carrera de forma brillante y proclamarse campeón de España de salto de longitud. Se llamaba Jacinto Segura Rubio. Consiguió ambas cosas. Todas las mañana se levantaba a las seis de la mañana para ir con su entrenador a la Casa de Campo y al gimnasio a entrenar.

La clase en pleno le acompañamos al palacio de los Deportes de Madrid en donde el 17 de febrero de 1968 se proclamaba campeón de España en pista cubierta con un salto de 7,56 metros. Destacó como uno de los mejores saltadores españoles de su generación. Compitió como internacional con la selección española de atletismo en 18 ocasiones entre 1964 y 1970, participando en eventos relevantes como los Juegos Europeos en pista cubierta en Praga (1967) y Madrid (1968), donde fue sexto en la final de salto de longitud. Su marca personal al aire libre fue 7,77 m (1969), y en pista cubierta 7,56 m (1968) ambas destacadas para la época en el atletismo español. Falleció en febrero de 2022, dejando un legado importante en el atletismo de salto de longitud en España.

Durante la carrera vivía en la Residencia Joaquín Blume, en donde nos reuníamos con él. Nos explicaba la técnica del salto de longitud: el talonamiento, la carrera, las zapatillas, la raya, la arena… Jugábamos a las cartas, estudiábamos juntos, nos contaba cosas vividas con la Selección Española. Era un tipo muy alegre, comunicativo, pero sobre todo con una enorme fuerza de voluntad.

Si saco su historia en este post es para resaltar lo importante que es la voluntad. Veo a mi alrededor personas que se dejan llevar por la corriente, sin personalidad para comprometerse en una aventura como la de Jacinto. Pero al mismo tiempo admiro a muchas personas, especialmente jóvenes, que triunfan y aportan mucho a la sociedad.

En una ocasión dirigiendo un proceso de coaching con un directivo de una importante multinacional, en una de las sesiones me confesó que su gran debilidad era la falta de planificación porque siempre tendía a resolver lo divertido en lugar de ir a lo realmente importante. Decía Albert Einstein «Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad.»

Marta Romo, pedagoga y directora de Neuroclick, afirma que «para el cerebro es agotador incorporar nuevos hábitos, lo sencillo es continuar con rutinas. Entrenar la voluntad es la solución. Dificil, pero no imposible.

Lo añejo no está reñido con lo nuevo

En un entorno de trabajo cambiante, no todo hay que descubrirlo. La historia del mundo empresarial te aconseja avanzar, innovar, crear, pero también advierte que lo que funciona hay que tratarlo con “cariño”. El éxito pasado no se puede tirar por la borda. Tampoco te garantiza el éxito, pero te enseña. Por eso en este post me permito el lujo de recordar obviedades que son de sentido común.

1º.- Oportunidades de trabajo. No hay que abusar de los empleados en “prácticas”. Sabemos de sobra que la contratación de un empleado trae consigo muchas obligaciones, pero no podemos ni debemos sobrecargar a los que ya están en la empresa. Hay que detectar y seleccionar al buen talento para hacer empresas donde merezca la pena trabajar.

2º.- Trabajos dignos. No se trata solo de ofertar trabajo, se trata de ofrecer unos empleos dignos. Tareas que dignifiquen a las personas y no que las conviertan en un número o en una herramienta. Las condiciones de trabajo deben ser saludables, enriquecedoras, acordes con la formación recibida.

3º.- Salarios justos. El trabajo debe ser remunerado de acuerdo con las mejores practicas del mercado. Debido a la oferta de mano de obra, especialmente la no cualificada, no es de recibo aprovecharse de la situación retribuyendo el esfuerzo con salarios que puedan rozar la precariedad y la ilegalidad.

4º.- Reparto de beneficios. A diario podemos leer en la prensa o ver en otros medios de comunicación las cifras “astronómicas” de beneficios de grandes empresas. Sin embargo, pocas de ellas (muy pocas) se han planteado un pequeño reparto de esos beneficios entre los que han ayudado a conseguir esas cifras. El reparto, como es obvio, debe ser proporcional a la responsabilidad y aporte a los resultados. Conozco una empresa que tenía una paga denominada “profit sharing” para poder compartir el éxito entre todos los empleados. Mercadona es hoy un ejemplo de ello.

5º.- Jornada de trabajo. Las personas disponemos de 24 horas al día para hacer muchas cosas que son necesarias. Trabajo, familia, salud, cultura, amigos, trascendencia… Al trabajo le debemos dedicar, como máximo, 8 horas diarias. Eso significa que las empresas deben respetar la jornada laboral para que sus empleados puedan tener un equilibrio personal.

6º.- Despidos. El despido es la pena capital de un trabajador y por lo tanto habrá que manejar con sumo cuidado las circunstancias que rodean a la situación para no cometer un acto improvisado. La forma más fácil, pero no la más creativa, de bajar costes es reducir la plantilla.  Las personas son seres humanos, no son números. Los viernes deben ser días de esperanza y no de zozobras. Esto no quiere decir que, al inútil, tóxico, vago, desleal… no se le pueda invitar a que deje la compañía.

7º.- Compañerismo. Fomentar un buen ambiente de trabajo es algo que atrae mucho a la gente y además es un buen reclamo para atraer talento de calidad. El compañerismo hay que fomentarlo, evaluarlo y premiarlo. Los trepas y los egos no deben tener cabida en empresas saludables. Hay que eliminar el ambiente que contagia tensión y malestar.

8º.- Comunicación. En las organizaciones hay que hablar. Informar está muy bien, pero no hay dialogo. Debemos convertir nuestra comunicación en una conversación. Las buenas y las malas noticias deben ser compartidas. Solo lo que se comparte genera confianza. Hay que buscar espacios para charlar, para compartir, para ayudar…

9º.- Formación. Es cierto que la mejor manera de aprender es aprendiendo del día a día en tu puesto de trabajo, pero todos necesitamos nuevos aires, nuevas ideas. El desarrollo personal es una pieza clave para conseguir compromiso. La rotación de puestos es una magnífica manera de hacer que la gente entienda a fondo como se maneja el negocio. Además, rompe rutinas y genera motivación. Lo desconocido te ayuda a ser más creativo. Lo conocido te puede llevar al aburrimiento.

10º.- Diversión. No todo es trabajo y más trabajo, hay que buscar los momentos para tomar una copa juntos. Los “After Works” son oportunidades de conocer a los compañeros y a los jefes de una manera diferente, pero más natural. Son oportunidades para pasar un buen rato, para ver el lado más humano de los que trabajan juntos a diario.

11º.- Teletrabajo. La pandemia nos ayudó a descubrir que hay otras formas de trabajar que son bendecidas tanto para el empleado como para la empresa. La formula hibrida es buena de por sí. Es el momento de exigir logros sin importar el lugar de trabajo ni el tiempo dedicado a la tarea. Resultados, resultados, resultados… Es más importante el qué, que el como. Esta es la clave.

Como ves, nada nuevo. Pero recordarlo no está mal.

La poderosa ecuación de David Reyero

Hay amigos y amigos colegas. David Reyero cumple las dos vertientes. Es amigo y es colega. Nos conocimos hace muchos años y desde entonces mantenemos una buena relación. Soy un lector asiduo de sus inspiradores e innovadores artículos que puedes ver en su Blog. Es una persona apasionada por su trabajo. Humanista, cercano, inquieto, comunicativo y otras muchas cualidades que le posicionan, en la actualidad, como uno de los profesionales de mayor prestigio en el campo de la Gestión de Personas. Trabaja en la Dirección de Personas de la farmacéutica Sanofi. El martes 4 de febrero presenta su libro «La Ecuación del Éxito Profesional«, donde te ofrece multitud de sugerencias para reflexionar. El evento tendrá lugar en La Casa del Libro (Gran Vía 29, Madrid) a las 19:00. Con tal motivo he hablado con David sobre algunos aspectos relativos a su día a día de trabajo.

¿Cuándo y porque decidiste dedicarte al mundo de los Recursos humanos?

Soy economista (especialidad financiera) y MBA por el IE. Terminé mi Master con 24 años tenía dudas si dedicarme a las Finanzas o a Dirección de Personas (me gusta más que Recursos Humanos). Varios mentores me animaron a dedicarme al área de Personas para poner en valor mi vocación humanista, mi carácter creativo y mi interés genuino de ser un agente de cambio social positivo. No me arrepiento de esta decisión difícil que tomé hace casi 30 años.

Si tuvieras que seleccionar a tu sustituto ¿Qué le pedirías?

Ser buena persona (sólidos valores) y buen profesional es fundamental porque gestionamos un asunto sensible, complejo y muy valioso: las personas en una organización.

En mi rol generalista de Business Partner creo que hay elementos importantes de mentalidad y habilidades: compromiso, capacidad de gestión integral de personas, visión estratégica y de negocio, gestión de transformaciones, innovación, resiliencia y comunicación eficaz para influir a los distintos grupos de interés con valentía y cercanía.

Entiendo la dirección de personas como un arte, una vocación y una pasión a la que hoy podemos añadir valiosos aspectos científicos y tecnológicos para mejorar nuestra eficiencia e impacto.

¿Quién ha sido tu maestro?

Mi familia ha sido fundamental en mi carrera y en mi vida. En el ámbito profesional he tenido mucha suerte con mis jefes. Han sido perfiles tremendamente diferentes y la vez muy potentes: John Cummings, Juan Mora, Iñigo Capell, Pedro Piñar, Miguel Ruiz, Carme Jorda o Anna Kuusinen. Además tuve mentores muy queridos como Joan Amat (IE) o Miguel Angel Gallo y asociaciones como AEDIPE también fueron esenciales en mis inicios laborales.

En tu libro “La Ecuación del Éxito Profesional” hablas de la escasez de lideres ¿cuál crees que es la razón por la que escasea el “liderazgo”?

Creo que hay múltiples factores que lo explican y el progreso en la calidad del liderazgo no es sencillo.

Por un lado, liderar hoy en un entorno tan complejo es tremendamente difícil y dificulta la necesaria influencia y credibilidad: “cisnes negros”, incertidumbre, estrés, competitividad creciente…

Por otro lado, no es sencillo combinar bien el largo plazo (visión) sin caer en la tentación negativa del cortoplacismo y la natural prioridad en la gestión de la carrera individual.

Por último, está la amplia combinación de propósito, mentalidad de crecimiento, habilidades duras y blandas y valores que hoy se requieren para un liderazgo de impacto y sostenible.

Ante este panorama tan retador sugiero volver a las bases: definir un propósito personal que conecte con el colectivo, reforzar los valores (humildad, vulnerabilidad, curiosidad, valentía, compromiso…) o mantener un espíritu de sana exigencia, aprendizaje continuo y escucha activa (dentro y fuera de la organización).

No hay recetas mágicas pero está demostrado que estos ingredientes ayudan a generar seguridad psicológica y credibilidad. Pilares que son críticos de un liderazgo que no quiere atraer y retener talento sino entusiasmarlo, tratándolo con madurez y transparencia y sin sobreprotección.

¿Ha cambiado mucho la Gestión de las Personas en los últimos 10/15 años?

Ha cambiado de manera relevante y en general en positivo. Hoy usamos mejor la tecnología, tenemos procesos funcionales más robustos y hemos ganado influencia interna y externa.

No obstante soy inconformista y creo que tenemos margen de mejora. Algunas líneas de actuación serían: potenciar nuestro conocimiento del negocio, más cercanía con los equipos o jugar un rol más protagonista en las múltiples transformaciones que hoy vivimos. Todos sabemos que la clave de cualquier cambio son las personas y en esto tenemos mucho que aportar valentía y buen criterio.

¿Cómo afectara la Inteligencia Artificial (IA) en tu trabajo?

Creo que tendrá múltiples efectos y la mayoría en positivo: mayor eficiencia en tareas operativas, ayuda en la toma de decisiones complejas, aceleración del aprendizaje, potenciación del networking de calidad…

Considero que la suma de inteligencias (humana y artificial) marca la diferencia y es una oportunidad que abre oportunidades hoy insospechadas. Por ejemplo soy optimista con los profesionales veteranos que se manejen bien con el propmting, multiplicando así su valor añadido y rica experiencia previa.

Debemos ver la IA con mente abierta, como una aliada y a la vez sin obviar sus riesgos, los sesgos que tiene y manteniendo un saludable pensamiento crítico.