Carta abierta a Juan García Gallardo

Querido Juan,

La última vez que te vi en persona fue en Vigo, durante la campaña electoral que apoyabas con tanto entusiasmo. Lástima que Galicia aún no haya despegado como esperábamos, pero estoy seguro que pronto despertará. Recuerdo que compartimos unas cervezas con un grupo de fervientes seguidores; lo pasamos en grande. La verdad, me caíste fenomenal.

Te considero una persona de gran valía: un buen abogado y un excelente orador. Creo sinceramente que realizaste un buen trabajo durante tu etapa en Castilla y León. Además, me atraen profundamente los valores que guían tu vida personal y que tú mismo has definido como propios del humanismo cristiano. En eso, tú y yo coincidimos plenamente.

Sin embargo, me cuesta entender que, con tus convicciones —que comparto plenamente—, hayas acabado diciendo determinadas cosas en la entrevista que publicó el pasado miércoles (18 marzo 2026) el diario El Mundo, firmada por Juanma Lamet. Este periodista jamás ha tratado bien a VOX y, con esas declaraciones, le has brindado una magnífica ocasión para continuar en esa misma línea. Y no es el único que actúa así, como tú bien sabes.

Perdóname la sinceridad, pero siempre me ha gustado dar y recibir feedback, pues lo considero una herramienta magnífica para indicarle a un amigo en qué puede mejorar. A mí, francamente, me entusiasma.

En esta ocasión, permíteme decirte que tu entrevista en ese diario destila un tono de resentimiento y odio, de principio a fin. Más que una reflexión serena, parece una pieza revanchista, un ajuste de cuentas propio del ojo por ojo, diente por diente (la llamada Ley del Talión), agravado por el hecho de que te adentras sin piedad en la esfera más íntima de una persona. Da la impresión de que aún llevas dentro una herida que no ha terminado de cicatrizar.

Cuando renunciaste voluntariamente a tu vicepresidencia en la Comunidad de Castilla y León, enviaste una carta a los medios en la que entre otras muchas cosas afirmabas: “Fui educado para no caer en fanatismos ni idolatrías. También aprendí en mi casa que los conflictos era preferible resolverlos de manera pacífica y discreta, siempre que fuera posible”. Efectivamente, los conflictos deben afrontarse de manera pacífica, discreta y con educación. En esa entrevista, da la impresión de que perdiste de vista esos principios.

Como buen abogado que eres, doy por hecho que todo lo que afirmas sobre la vida de esa persona está respaldado por pruebas sólidas que permitan acreditarlo públicamente, y que no se trata solo de rumores de barra de bar.

Así mismo en tú carta, escrita el día de San Blas, afirmabas que tu decisión de renunciar al cargo que ocupabas era “independiente de la adoptada por quienes han desafiado públicamente a la dirección del partido con exhibiciones de rebelión”. Qué pronto se olvidan algunas cosas. Ahora te presentas como uno de los impulsores del manifiesto promovido precisamente por muchos de quienes tú mismo calificaste como “exhibidores de rebelión”.

Terminabas tu carta con esta confesión “lealtad y apoyo, siempre y ante todo al programa político de Vox, sin matices, que espero poder seguir contribuyendo a que triunfe, con mi humilde aportación, por el bien de España. Como ninguno somos imprescindibles, espero que el éxito electoral de Vox suceda pronto con la ayuda del resto de compañeros del partido y por el bien del conjunto de la sociedad española” En este párrafo dejabas claro algo evidente: que todos somos prescindibles. Sin embargo, parece que algunos de quienes te acompañan ahora en el manifiesto no comulgan con esa idea.

Juan, me produce una profunda tristeza ver a personas como tú, que cuando ocupabais cargos defendíais la existencia de “democracia interna” y ahora, tras abandonarlos, afirmáis exactamente lo contrario.

En ese manifiesto que promueves para reclamar un congreso extraordinario se habla de “miedo”, de que muchos en el partido callan por “miedo”. ¿Miedo a qué? En mi opinión, solo temen quienes perciben algún tipo de retribución económica. Los que, como yo, colaboramos de forma altruista no tenemos nada que temer, porque nada tenemos que perder.

Ya que sigues afiliado a VOX, te ruego que respetes a quienes continuamos con ilusión en el proyecto. En tus próximas declaraciones —que seguro las habrá—, procura ser más amable, comprensivo y conciliador.

No sé si lo sabes, pero yo colaboro con el Departamento de Formación del partido y todos mis cursos los termino con esta frase: “los tres pecados capitales del político son: la avaricia, la soberbia y la egolatría

Un fuerte abrazo y que Dios te bendiga.

Jaime Pereira García

Pozuelo de Alarcón 19 marzo 2026

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