¿Está en peligro la democracia en España?

Ya dije al inaugurar esta segunda etapa de mi Blog que podría publicar algún texto que no fuera mío. Este es el caso de hoy. Hace unos días leí en el Diario Expansión este articulo de Iñaki Garay y ahora (con su permiso) me atrevo a replicarlo de forma literal. Me pareció buenísimo y por eso lo quiero compartir contigo. Si tienes cuatro minutos no dejes de leerlo, refleja la verdad de lo que está pasando en España y en otros lugares del mundo. Dice así:

El juez e historiador inglés Jonathan Sumption se atreve a vaticinar que, si en algún momento llegara el fin de la democracia, no nos daríamos cuenta. Argumenta que en las democracias avanzadas no hay espectaculares derrocamientos. No salen tanques a la calle ni el dictador es un señor bigotudo vestido con uniforme dirigiéndose a las multitudes. El derrocamiento de las democracias avanzadas se produce por un drenaje imperceptible de las instituciones. Queda la fachada en pie, pero todo el contenido del edificio se ha ido vaciando.

“La retórica de la democracia permanecerá inalterada, pero carecerá de significado. Y la culpa será nuestra”, dice Sumption en su libro Juicios de Estado, la Ley y la decadencia de la política. Reconozco que me preocupa este tema porque miro a mi alrededor y los indicios me asaltan como para desear tocar a rebato.

Veo por ejemplo que el Gobierno da una ayuda pública a una empresa zombi llamada Plus Ultra que, a pesar de dedicarse a llevar pasajeros en avión, es una ruina con ruedas. Se sabe que está muerta económicamente y vinculada a Venezuela, ese lugar donde los jóvenes festejaron hace 21 años la llegada al poder de un régimen prometedor y hoy sus hijos no solo no comen tres veces al día, como decía Errejón, la marca blanca de Podemos, sino que hurgan en las basuras para intentar alimentarse.

Venezuela es ese idílico lugar que conocimos por las crónicas del gran Zapatero. Es la modélica democracia del otro comandante que nos describían Pablo Iglesias y Juan Carlos Monedero y que ha logrado convertirse, pese a sus fabulosos recursos naturales, en el país más pobre de Latinoamérica, por encima incluso de Haití. La única razón que justificaría mantener abierta Plus Ultra sería hacer de Venezuela un destino temático para que los seguidores de todos estos falsos dioses pudieran ver in situ los logros del populismo que defienden.

El Gobierno español, más allá de filtrar a sus canales oficiales un informe de encargo en el que dice que todo está bien porque es estratégico, se limita a despejar balones esperando que el tema prescriba en la opinión pública. Me temo que la SEPI y su titular final, la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, tienen ante sí un reto de enormes dimensiones que es explicar cómo entró ese elefante en la lavadora. Una pregunta que a estas horas debería estar planteándose la Fiscalía si no fuera porque sabemos que esta institución está literalmente abrasada desde que Dolores Delgado la colonizó.

Este Gobierno nos ha acostumbrado a las homilías habituales de un gorrión supremo frente al teleprónter, mientras los estamentos que tienen que velar por la limpieza y la transparencia han sido pulverizados con cloroformo. Confío en que Europa, en el caso de Plus Ultra, haga esa labor fiscalizadora a la que parecen haber renunciado los guardianes de nuestras instituciones. Y como es esa Europa la que nos tiene que dar esos 140.000 millones que necesitamos, en el mejor de los casos, para intentar recuperar nuestro tejido productivo aún vivo -y no los Plus Ultra de turno-, confío en su capacidad disuasoria.

Miro hacia otro lado y veo que el propio Tribunal Constitucional sigue sin pronunciarse un año después sobre el uso que el Gobierno ha hecho de lo que ha llamado Estado de Alarma. Un silencio impropio del principal avalista de nuestro Estado de Derecho que solo puede entenderse por un deseo de no embarrarse en la política por puro miedo. Pero es que todo es política.

Cualquier cosa que llegue al Constitucional tiene ese elemento distintivo y su silencio nos deja desamparados. Del Constitucional debemos esperar que sea el órgano despierto y vigilante para que no nos vacíen el edificio democrático. Si no se hace valer habrá quien pronto se sume a ese pensamiento populista que mantiene que este sistema no merece la pena. El propio Aristóteles, que no llegó a conocer el poder de las redes ni de los creadores de sueños, intuía hace muchos siglos que la democracia podía ser víctima de la demagogia. Y alguien está empeñado en darle la razón.

Un comentario en “¿Está en peligro la democracia en España?

  1. Excelente artículo de Iñaki Garay y lamentablemente real como la vida misma. Yo personalmente veo tan mal la situación de España que dudo muchísimo que Europa nos llegue a dar esos 14.000 millones de euros que son vitales para la recuperación de nuestra maltrecha economía (lo importante es que, si finalmente los recibimos, el gobierno de turno haga una buena gestión de ellos y no despilfarre y malgaste como nos tiene acostumbrados el gobierno actual)

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