Un Gobierno que desprecia a la Justicia

No cabe la menor duda de que en España, aunque también en el mundo occidental, estamos viviendo momentos verdaderamente desconcertantes. El 9 de noviembre de 1989 tuvo lugar la caída del Muro de Berlín, también llamado el muro de la vergüenza. Todos albergábamos enormes esperanzas de que los grandes valores que habían construido la nueva Europa se fortalecerían, pero lamentablemente no ha sido así. Un materialismo inunda nuestra sociedad, en donde la esencia de la persona humana se deteriora a pasos agigantados con la cultura del descarte; un ensalzamiento del «genero», que raya en lo grotesco; de una ecología mal entendida y consagrada como la religión del siglo XXI; con un feminismo radical convertido en algo que pretende embarullar y confrontar a la mujer con el hombre; la cultura de la «cancelación» que no te permite disentir del pensamiento único, y muchas cosas más… 

En España el cambio profundo se produce con la llegada al poder, después de un macabro 11 de marzo de 2004 que aun alberga muchas incógnitas, del nefasto José Luis Rodríguez Zapatero (hoy convertido en la mano derecha de Nicolás Maduro). Un presidente que abre una etapa muy oscura, en las que entre otras muchas cosas se empieza a blanquear a la organización terrorista ETA y a dar cada vez más protagonismo a los separatistas. Es el inicio de la decadencia y del proceso de cambio para menospreciar y desacreditar el espíritu del 78 y resucitar el recuerdo de una guerra que todos los españoles, sean del bando que sean, no queremos recordar. Es la caída de los valores…

El heredero de este desgraciado presidente se llama Pedro Sánchez Pérez-Castejón , el hombre que llegó a la presidencia del Gobierno de España de la mano de todos los que odian a España. Un presidente psicópata, narcisista, mentiroso y soberbio que con tal de permanecer en el Palacio de la Moncloa es capaz de cualquier cosa. Pero uno de los asuntos más graves es que ha llegado un momento en que no solo desprecia a la Justicia, sino que la pisotea. Hace lo que le da la gana sin pensar que existe un ordenamiento jurídico y unas leyes que en cualquier país democrático son sagradas. Usa el indulto y el abuso de poder como herramienta para saltarse las leyes y las sentencias de los tribunales. ¿Quieres algunos ejemplos? 

Durante la pandemia se saltó nuestro ordenamiento jurídico y decretó un estado de alarma anticonstitucional. Tuvo a todos los ciudadanos secuestrados de forma ilegal. El Parlamento clausurado. Hizo lo que le vino en gana. La sentencia llegó tarde, pero al menos sirvió para dejar claro que tenemos un gobierno que legisla a espaldas de la justicia. La sentencia no fue capaz de movilizar a una sociedad anestesiada que, por falta de coraje, valentía y pasotismo, no tuvo el valor de decir ¡Basta! No sé qué tiene que pasar en este país para que la gente reaccione y sea capaz de plantarse ante tanto «dictador». 

Para seguir durmiendo en La Moncloa, que repito es lo único que le interesa, ha tenido la desvergüenza de enmendar la sentencia del Tribunal Supremo declarando un indulto a unos señores que cometieron uno de los delitos más graves contra el estado. Rectificar a los jueces y sacar de la cárcel a los lideres del referéndum ilegal del 1 de octubre de 2017 deja claramente de manifiesto que cuando no le gusta una sentencia, él se autonombra juez supremo y entonces utiliza el indulto como si fuera una instancia superior y por encima de cualquier tribunal, sea el Supremo o el Constitucional… A Sánchez la ley le sobra… Él es la ley.  Esto es un insulto a la justicia, a la democracia y a todos nosotros..  

El tercer y más reciente ejemplo es el de Juana Rivas. Es un caso de abuso de poder manifiesto. Una vez más el psicópata Sánchez se erige en juez y pasa por encima del Tribunal Constitucional, de la Audiencia Nacional, del Tribunal Supremo y de un Tribunal Italiano que habían condenado a esta mujer y declara el indulto parcial para esta señora, cuyo único merito es salir en los telediarios para dar carnaza a las feministas. Y todo por las presiones de la facción radical y feminazi que tiene incrustado en su Gobierno comunista y separatista. 

Estos son tres ejemplos que dejan patente la calaña moral y democrática de un presidente cuyo más anhelado deseo es dormir con Begoña Gómez en La Moncloa y que todo el mundo le haga reverencias, pueda sacarse fotos con todos los presidentes y figuras mundiales (incluida el Papa Francisco), volar en el Falcon del Ejército del Aire, y presentarse como el salvador de la patria. Ha llegado a decir, según fuentes cercanas, que «Hemos logrado vencer al volcán de La Palma». Un personaje siniestro que está dejando a España, o la parte que quede de ella, para el arrastre. 

Lo mejor que puede ocurrir en 2023 es que este esperpéntico sujeto desaparezca del mapa político español. Ese será un gran día. En nuestras manos está si tomamos conciencia de la gravedad de la situación y nos comprometemos a luchar por una democracia que hoy está gravemente enferma y que costará mucho sacar de la UCI. Desde el sillón de casa no se cambia nada.

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