La verdadera memoria histórica

Tiempos de memorias falsas, trucadas, sectarias, mentirosas… Es parte de la realidad de nuestro tiempo. Un tiempo que intenta cambiar los hechos para mostrarnos una historia que no refleja la verdad de los acontecimientos. Es la hora de la «cultura de la cancelación«, esa mal llamada cultura que pretende dejar cerrados muchos debates al haber declarado derechos lo que tan solo hace unos años eran delitos. Esos debates hay que volverlos a reabrir, no por revancha ni por venganza sino porque hay que ser honestos y contar unos sucesos, tal y como ocurrieron y que son parte imborrable de nuestro pasado.

Hoy, por ejemplo, se ignora intencionadamente la realidad de lo ocurrido en los últimos cuarenta años en las Vascongadas. A la juventud le hablas de la banda asesina y terrorista de ETA y no sabe de lo que estás hablando. Les preguntas por Miguel Ángel Blanco y te dicen que fue un futbolista o lo que aun es peor, no han oído hablar de él. Una banda que sin ningún tipo de escrúpulo cosecha un historial sanguinario, macabro, siniestro, tétrico, habiendo dejado cerca de un millar de asesinatos. Crímenes cometidos con la máxima cobardía, la mayoría de ellos a traición y a bocajarro. Muertes de niños, de mujeres, de políticos, de magistrados, de personas inocentes, de miembros de las fuerzas de seguridad del estado.

Acabo de terminar el libro «Bajo lluvia de plomo» de Francisco Javier Pagola. Apasionante y triste al mismo tiempo. Su autor, un joven periodista de ABC destinado como corresponsal en las Vascongadas durante los años mas duros de la bestial y criminal historia de unos descerebrados que crearon el terror, el miedo y la indefensión de una población que lo único que quería era vivir en paz, nos narra con todo detalle hechos que ponen la carne de gallina…

Todo comienza en verano de 1979, frente a un edificio habitado por mandos militares que cada día han de transitar por el corredor de la muerte; ese corto trayecto que discurre entre el portal y el vehículo oficial. El libro pretende transmitir, en presente y en primera persona, el horror y el dolor después de un atentado. En segundos, un espacio de paz se transforma en un escenario de guerra; la emoción que inspira una madre que se refugia en un monólogo eterno para suplir el vacío que deja su hijo ausente; el miedo de muchos, que prefirieron cerrar las puertas y ventanas de sus casas para no ver el cuerpo del vecino tendido en medio de un charco de sangre —mejor enterarse después por televisión, así el suceso parece algo más lejano—; la soledad de no pocos que soportaron la lluvia de plomo mientras muchos permanecieron con los brazos cruzados a la espera de que amainara; la colaboración activa con el terrorismo de una legión de vascos: «ETA, más metralletas, ETA, pim, pam, pum…» y la complicidad pasiva de demasiados. Solo en ese contexto de miedos y complicidades puede ocurrir que unos pistoleros fusilen a un joven guardia civil y a su novia en la Noche de Reyes y que los vascos amanezcan gozosos recogiendo sus regalos.

Lo acontecido en esa etapa hay que contarlo a los jovenes para que sepan de verdad lo que ocurrió en un territorio del estado español, extendido luego a diferentes lugares de nuestra geografía. Seguramente uno de los actos mas viles, cobardes y repugnantes sucedió el 19 de junio de 1987 en Barcelona donde la banda terrorista ETA colocó un potente explosivo en un centro comercial de Hipercor. Fue uno de los mayores atentados de la nauseabunda banda terrorista causando la muerte de 21 personas y heridas a otras 45. ​

Ahora para desfigurar los hechos se escribe un relato falso y nuestro gobierno, con su presidente a la cabeza, nos engaña diciendo que ETA ya no existe. ¡Mentira! ETA sigue existiendo. Homenajea a sanguinarios asesinos por las calles. Ataca a los que no piensan como ellos. Hacen manifestaciones que son auténticas declaraciones de guerra. El etarra Arnaldo Otegui se ha convertido en un socio prioritario del gobierno, lo que está permitiendo poner en la calle a muchos asesinos que estaban cumpliendo sus penas carcelarias.

La verdadera historia de hoy es que Pedro Sanchez está cambiando presos por votos para poderse mantener en el poder hasta las próximas elecciones. Esto, no solo es un insulto a la historia, sino que es una traición a los ciudadanos españoles.

La carta que publico en este post se ve con nitidez cual era el procedimiento que seguía esa asquerosa banda terrorista.

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